INSURGENCIA GLOBAL proletari

Estas tesis no pretenden ser un resumen exhaustivo de la aportación de Marx y Engels a la teoria revolucionaría del proletariado, ni mucho menos. En realidad se centran en la Crítica de la E.P. (C.E.P de aquí en adelante) que, en mi opinión, es su aportación fundamental y restaurarla y desarrollarla una de las tareas fundamentales de la lucha de clases teórica en el siglo XXI. A pesar de todo, las tres primeras tratan sobre la metodología materialista y dialéctica sobre  la que se construye la C.E.P. Pues esta no es posible sin aquella.

1. El descubrimiento de Marx y Engels no fueron las leyes de la historia. Sino las de la prehistoria. El comunismo no es el fin de la historia sino el principio.

Hasta ahora, lo que llamamos historia ha sido no intencional, producto de los choques entre diferentes grupos humanos (estados, clases, pueblos,…) siendo, casi siempre, el resultado final muy diferente de lo perseguido por cada uno de esos grupos (totalmente diferente, frecuentemente) y, en todo caso, los objetivos conscientes de cada uno de esos grupos eran una falsa conciencia diferente del objetivo por el que realmente luchaban. Por eso, para Marx y Engels lo que hemos tenido ahora no es historia sino prehistoria1. Por eso, también esta última puede tener leyes análogas y, de hecho, tiene a las de un sistema material. Las grandes revoluciones son, hasta cierto punto, excepciones parciales a esto, porque la distancia entre los resultados de esos procesos y la conciencia que de ellos tienen las masas participantes se acortan considerablemente en el transcurso y como resultado de la lucha. Además, una vez que se ha producido la división de la sociedad en clases, estas revoluciones son la única forma posible de abrir el paso a nuevas formas de organización social.

Finalmente, el comunismo es la primera forma social que crea las condiciones para que los seres humanos sean dueños de su destino, no un paraíso terrenal eterno.

2. Mostrar que el capitalismo es una fase del desarrollo de esta prehistoria (y, además, la última) es una parte fundamental de la contribución teórica de Marx y Engels.

Como todas las sociedades “prehistóricas” los seres humanos no son dueños de su devenir histórico. A pesar de las apariencias: la democracia, la ciencia, el desarrollo del pensamiento crítico. Que los reformistas y oportunistas de diversos pelajes utilizan para intentar convencernos que es posible logras la emancipación humana sin romper con el capitalismo mediante. Es decir, sin una serie de revoluciones. Pero la realidad es que el capitalismo limita férreamente y asfixia los elementos emancipatorios que se han desarrollado en su seno. Como se dice en la primera de estas tesis solo la revolución puede liberarlos.

3. Que la vida social esté dominada por la "economía" es el rasgo fundamental de la prehistoria humana.

La razón última de que una sociedad no sea capaz de de controlar conscientemente su devenir histórico es el bajo desarrollo de sus fuerzas productivas. Es decir su capacidad de controlar su metabolismo con la naturaleza. Cuando esta capacidad es extremadamente baja, la mera supervivencia del sistema social es precaria y, en consecuencia, toda la vida social de la comunidad se subordina a elevar el grado de desarrollo de las fuerzas productivas. 

Pero este desarrollo, en sus primeras etapas, pasa por dedicar una parte creciente del trabajo social a la acumulación y no al consumo. Lo que puede pensarse como acumulación de tiempo de trabajo social abstracto objetivado en los productos de ese mismo trabajo. La necesidad de esta acumulación lleva a desarrollar dentro de la división social del trabajo dos grupos sociales distintos: las masa de los trabajadores productivos, por un lado, y una minoría dedicada a vigilar que los primeros entregasen a la sociedad una parte del producto de su trabajo; así como a cuidarla y administrar su buen uso. 

Con el tiempo, los últimos de meros administradores del plustrabajo pasan a ser sus dueños y gracias a esto a dominar la sociedad. Tenemos aquí la aparición de las clases y la explotación. Con el resultado de que a la necesidad material de la acumulación se le une la imposición de la misma por las clases explotadoras. Un elemento central de esta imposición es la hegemonía de la ideología de esas clases que convierte en sentido común de la sociedad la necesidad de la explotación y la acumulación en la forma social vigente. Así esta necesidad económica se convierte en dominante en todos los ámbitos de la vida social. Aunque, en las sociedades de clase anteriores al capitalismo, la dominación económica tomase formas “espirituales” (religiosas). 

Por otro lado, que la causa última de la dominación económica sea el grado de desarrollo de las fuerzas productivas no debe entenderse como causalidad mecánica. Lo que sucede es que cuando el desarrollo de las fuerzas productivas llega al máximo posible dentro de las relaciones sociales imperantes, todo ulterior desarrollo de las fuerzas productivas choca con esas relaciones sociales y, como dice Marx, se abre una época de revolución social. La cual solo puede acabar con la victoria de la clase revolucionaria o la ruina mutua de las clases contendientes.

4. Pero tan solo en el capitalismo la “economía” se nos aparece como una esfera autónoma de la vida social separada del resto. Por eso la crítica teórica del sistema toma la forma de crítica de la E.P..

El Sistema Capitalista emerge a finales del siglo XVI y no es de extrañar que las primeras publicaciones que tratan cuestiones que tienen algo ver sean de esa época. Antes de eso prácticamente no hay nada. Pero del siglo XVII en adelante se expande la producción de ese tipo de trabajos y se empieza a agruparlos bajo el nombre de E.P. (E.P. de aquí en adelante). Con lo que se quería expresar solamente que se trataba de examinar la riqueza de una sociedad estatal y no de un “hogar” (economía doméstica), que era lo que se había entendido por economía hasta entonces. Ese cambio de nombre expresaba que estudiar la riqueza de una “nación” no era el mismo problema que estudiar la de una familia, pero a una escala mas grande. Mas aún, la llamada economía doméstica era una disciplina o un arte, la E.P. una ciencia, similar a las ciencias naturales.

Desde el punto de vista del materialismo dialéctico el ser social determina la conciencia. Por lo que la conciencia siempre es un reflejo de la realidad social, aunque frecuentemente deformado por la ideología. ¿Que realidad reflejaba la supuesta ciencia de la E.P.? La transformación de la producción social en producción de mercancías. La cual pone el mercado en el centro de la vida social (no en la periferia donde se encontraba antes) y, como consecuencia de esto, lo convierte, en un espacio social con su propia dinámica. Es más, este mercado de nuevo tipo, el mercado capitalista, ha surgido desde el principio como mercado mundial. No porque abarcara todo el planeta desde el principio. Sino porque desde siempre ha incluido diferentes realidades políticas y culturales, a las que ha acabado subordinando a sus necesidades. Nada que ver, en todo caso, con los mercados precapitalistas sometidos a fuertes constricciones políticas y culturales. Y que, además, tenían escasa relación con la producción como tal, mientras que el mercado capitalista es el gran organizador de la producción social.

La E.P. surgió, pues, para entender esta nueva realidad social. Pero también para defenderla frente a las clases explotadoras precapitalistas y, mas adelante frente a los sectores de la clase capitalista (burguesía comercial) que no estaban interesados en su expansión. Y este carácter crítico hizo de ella una de las formas de pensamiento burgués mas avanzadas.

Lo que no obsta para que con el tiempo adquiriera un fuerte carácter ideológico y legitimador del nuevo orden social. En efecto, pese a la lucidez que demostraron a veces algunos de los mas brillantes exponentes de la E.P., ésta eliminaba todo aspecto histórico, limitado, de la producción capitalista igualándolo con  la existencia de una división social avanzada del trabajo. Es decir, consideraba que o tenemos una tal organización social de la producción (necesariamente producción capitalista en todos sus aspectos y, especialmente, en cuanto a ser producción de mercancías) o, en el mejor de los casos, la tosca división social del trabajo que habían alcanzado las grandes civilizaciones agrarias anteriores al capitalismo.

Así las cosas, la E.P. se convierte en el equivalente de lo que habían sido las formas mas avanzadas de Metafísica y Teología en las sociedades de clase precapitalistas. Cuya crítica fue un ingrediente fundamental de la Revolución Burguesa. Análogamente la C.E.P. es un componente esencial de la Revolución Proletaria.

5. El concepto de valor es el eje teórico fundamental de la C.E.P.

Pero eso no significa que el concepto de valor sea exclusivo de ella. Por el contrario, ningún análisis del capitalismo puede prescindir de él. Estaba presente como valor-trabajo en la E.P. Clásica, aunque, muy significativamente, lo igualaba con el valor de cambio. Y esta presente en las diferentes corrientes de la economía contemporanea (tanto ortodoxas como heterodoxas, y de las que tratara mas adelante) cuando nos hablan de “valor real” y “valor nominal” y construyen sofisticados indices de precios con el objetivo de calcular el primero2. Esto es, aceptan que los precios de las mercancías no coinciden con los valores “reales”. Claro que este concepto de valor no es de la C.E.P. En realidad, ambos son antagónicos entre si. 

El llamado “valor real” es en realidad el valor de uso. La “substancia del valor” (empleando las palabras de Marx en El Capital) es, por tanto, el valor de uso. Dejemos de lado, de momento, los problemas puramente lógicos que tiene esta afirmación y centrémonos en sus consecuencias:

  • La producción capitalista es producción de valores de uso. Es decir que es producción en general, sin ninguna limitación histórica.
  • En particular, el volumen del beneficio capitalista, por ser éste una parte del valor, coincide con la producción de valores de uso, con la producción de riqueza o, lo que es lo mismo, con hacer posible,mediante la producción, de un mayor bienestar social. De haber alguna contradicción entre éste y el beneficio del capital, el problema estaría en la distribución. Nunca en la producción.
  • Tal vez alguien objete que si hay un problema: los límites ecológicos. Pero si bien estos límites son un problema muy real para la producción capitalista realmente existente, no lo son para la “Ciencia Económica”. En efecto, si el valor de uso es el valor, aumentar el volumen de la producción no supone aumentar el consumo de energía y materiales. Pues mejorar la calidad de los productos existentes o producir nuevos valores de uso que satisfagan mejor las necesidades sociales es aumentar la producción de riqueza y, por tanto, de valor, lo que, a su vez, supone aumentar la masa de beneficio. Y esta forma de “crecimiento económico” no supone aumentar el consumo de recursos naturales. Esto, dicho sea de paso, nos indica que el decrecimiento, aunque señala un problema real, es un concepto ideológico burgués, fetichista, que no hace posible una verdadera crítica ecológica del capitalismo.
  • Abundando en lo anterior, solo hay una forma de bajar a la “Ciencia Económica” de su cielo platónico del valor de uso (o de la “utilidad”, o de la riqueza) a esa tierra donde se altera dramáticamente el clima, se reducen los bosques, se destruyen las reservas de agua potable, la huella ecológica de una minoría de la especie se agranda a costa de la de la gran mayoría etc. Y esta forma es que reconozca que hay “un fallo de mercado” debido a influencias externas al “mercado” (al capitalismo) como tal. Mas aún, esto no es solo valido para los problemas medioambientales, sino para todos los problemas reales del capitalismo: crisis, paro, pobreza, agudización de la lucha de clases etc. La flamante ciencia de la Economía solo puede ver en ellos “fallos” del mercado. Y no por ceguera o mala fe de los economistas. Sino como resultado del instrumental teórico utilizado. Por el concepto de valor utilizado, en última instancia.
  • Por eso, no hay ninguna contradicción entre la producción capitalista y el desarrollo de las fuerzas productivas. Si, a pesar de todo, como pensaban Bernstein y Tugan-Baranowsky, hay razones éticas para ir mas allá del capitalismo, esto debe hacerse dentro del propio desarrollo capitalista, sin romper con él. Y ya sabemos cual es la consecuencia lógica ineluctable de esto: el movimiento lo es todo, el objetivo final nada.

Para la C.E.P., por el contrario, el contenido del valor (su “substancia”) es trabajo el social abstracto medido por su duración. Como todas las sociedades “prehistóricas” el capitalismo esta sujeto a la compulsión de acumular tiempo de trabajo social abstracto. Pero ahora en vez de ser una consecuencia de la acumulación es el objetivo de ella. Lo que es la causa del dinamismo capitalista, de su capacidad de desarrollar las fuerzas productivas pero, como vamos a ver en seguida, también su límite inmanente. Volviendo al concepto de valor C.E.P. este es la forma social que toma el tiempo de trabajo social abstracto lo que le permite tomar la de capital (de trabajo muerto) y, así, la acumulación es acumulación de capital. Como se ha dicho antes esta hace posible un desarrollo de las fuerzas productivas sin precedentes, pero limitado. Porque la acumulación de capital  (de trabajo muerto) solo es posible aumentando la cantidad de trabajo vivo realizado en la producción, lo que es contradictorio con el aumento de la productividad del trabajo. Y esta contradicción supone que la acumulación de capital pase de ser una muy eficaz forma de desarrollo de las fuerzas productivas a ser un freno para las mismas.

6. La C.E.P. es sobre todo la crítica de las llamadas economía crítica o economía de izquierdas, incluida la llamada economía marxista.

Con lo dicho hasta ahora podría pensarse que mejor que decir Crítica de la E.P. sería decir Crítica de la Economía, mas corto y mas comprensible para nosotros gente del siglo XXI. A pesar de todo, creo que hay buenas razones para mantener el viejo nombre. Intentare explicarlas.

En primer lugar el cambio de E.P. a Economía, sin adjetivo, no solo supuso un cambio de nombre. Marx no vivió lo suficiente para ver la completa substitución, como paradigma dominante, de la E.P. Clásica por la Economía Marginalista. Pero predijo que la primera sería sustituida por una Economía vulgar y apologética. Es decir, mucho menos profunda que la anterior y mucho mas preocupada por justificar el orden social que por la verdad. La razón de este proceso estaría, en parte, en los problemas teóricos que la Escuela Clásica había sido incapaz de resolver. Pero la razón principal sería ideológica. La burguesía ya no necesitaba pensamiento crítico sino apologética. Lo que es acorde con los hechos históricos conocidos.

En primer lugar, antes de Marx había surgido todo una corriente de autores críticos con el capitalismo, algunos de ellos militantes del naciente movimiento obrero. Fueron los conocidos como socialistas ricardianos, llamados así porque utilizaban la E.P. Clásica, especialmente la obra de Ricardo, como arma crítica contra la burguesía. Y sabemos, por testimonios de la época, que esta fue una razón importante para alejar a la burguesía de la escuela clásica. Así como considerarla precursora de Marx. En segundo lugar, esta la cuestión de abandonar el adjetivo política. En parte, esto se explica porque según el nuevo paradigma no había diferencia entre la administración del patrimonio de un individuo, una familia con la riqueza de una  “nación” o la producida en el conjunto de la economía mundial. Lo que suponía ahondar en el carácter a histórico de la vieja E.P., haciendo, si cabe, mas “natural” al capitalismo. Y también porque eliminar el adjetivo ayudaba a aceptar las recomendaciones de la Economía como científicas, desinteresadas y sin carga ideológica. Y, en tercer lugar, esta el hecho de que el cambio de paradigma no ayudo a una mejor comprensión de los hechos de la realidad capitalista que todo el mundo acepta que la Economía debería explicar: las crisis económicas, la permanencia o incluso agudización de la lucha de clases pese al aumento de la riqueza socia y el desarrollo extremadamente desigual del capitalismo a escala mundial. 

De todo ello es legitimo concluir que lo que llevo al cambio de paradigma fue la necesidad de legitimación del capitalismo cuando este entraba en su etapa senil. Por otro lado, se ha mantenido una corriente que sigue los pasos de la E.P. Clásica, sin caer en los excesos apologistas de la Economía académica. Es correcto, pues, llamar a esta corriente E.P.. Nombre que, por otra parte, muchos de sus autores de referencia reivindican3.

 Así las cosas, tenemos una “ciencia” llamada Economía que no es tal por su carácter ideológico y apologético. La cual constituye la actual ortodoxia académica. Pero pese a ese predominio su influencia en la vanguardia del proletariado es prácticamente nula. Pese que utiliza formalismos matemáticos que le dan una falsa apariencia de “ciencia dura”, su carácter apologético e ideológico es demasiado evidente. Primero, porque los expertos que hablan en su nombre están vinculados de múltiples formas a la burguesía monopolista y muy bien pagados por ello. Segundo, porque, “casualmente”, sus recomendaciones casi siempre favorecen a esa fracción de la burguesía. Y, tercero, porque los economistas de la corriente que hemos llamado E.P. han realizado una muy eficaz y ampliamente difundida crítica de esta “ciencia”. Tanto del abismo existente entre su mundo de fantasías teóricas y el capitalismo realmente existente como de las inconsistencias lógicas de esa teoría.

Precisamente esta corriente, la E.P., si tiene influencia en la vanguardia. Contribuyendo a la hegemonía de la ideología burguesa dentro de ella. Pues es verdad que la E.P. plantea, a veces, críticas acertadas sobre aspectos parciales de la realidad capitalista, que pueden ser útiles para un análisis que vaya mas allá de las críticas parciales. Pero para que sea así necesitamos pasarlo por el filtro de la C.E.P. Porque la visión global de la E.P. es también falsa y apologética con respecto al capitalismo.

En efecto, la  E.P., aunque reconoce elementos de conflicto social e inestabilidad dentro del capitalismo, localiza las raíces de estos no en la producción capitalista (pues esta sería producción de valores de uso, producción en general, sin límites históricos) sino en elementos periféricos a la misma: la circulación, la distribución, las políticas económicas, la existencia de monopolios, el consumismo etc. 

Precisamente por tratarse de problemas externos a la producción es posible resolverlos mediante la intervención estatal en los mecanismos de circulación y distribución, en sentido amplio. Intervención, por supuesto, del estado burgués. Lo que aleja la perspectiva de la necesidad de la dictadura del proletariado y refuerza la influencia de las ideologías social imperialistas. Social Imperialistas tanto con respecto a las naciones oprimidas de la periferia del Sistema Capitalista Mundial como a las que se encuentran dentro de “su” estado imperialista.

En resumen, la E.P. es el arma fundamental de los sectores “progresistas” de la aristocracia obrera y la pequeña burguesía para mantener bajo su hegemonía ideológica a los sectores mas conscientes del proletariado y, gracias a esto, a toda la clase bajo la hegemonía de la ideología burguesa en general4.

7. El concepto de valor es, a la vez, cuantitativo y cualitativo. Reducirlo a su aspecto cualitativo es castrarlo como herramienta crítica y revolucionaria.

Marx demuestra, con gran rigor, en el primer capítulo de El Capital que el valor es una magnitud social de las mercancías. Esto es, una propiedad cuantitativa o susceptible de medida de estas. Análoga a la masa, el volumen, etc. de las mismas. Pero mientras que estas son propiedades físicas aquella es una propiedad social.

En este punto nuestro sentido crítico debería encender todas las alarmas, luces rojas y sirenas. ¿Propiedad Social? ¿Magnitud Social? ¿Análoga con propiedades físicas? ¿Como es eso?

Esto es, por supuesto, aberrante pero la culpa de que sea así no es de Marx ni de la C.E.P., sino del propio sistema capitalista. Su forma de funcionar y, a la vez, ocultárnoslo tiene como un componente el fetichismo de la mercancía y del capital, esto es atribuir propiedades sociales a cosas.

Para algunos parece que C.E.P. debería quedarse aquí, en señalar esta locura capitalista. Pero, en primer lugar, si esta locura no rige verdaderamente el sistema, si es tan solo una manera de presentarse en sociedad resulta bastante inofensiva. Pero, en realidad, es una locura muy peligrosa que rige nuestras vidas y puede destruirlas. Y aquí aparece el carácter cuantitativo del valor.

Por ultimo, decir que tan fetichista es el economista ortodoxo que nos presenta el funcionamiento de la producción capitalista como obedeciendo leyes naturales, como el economista “rojo” que considera la producción capitalista una maquina que, según quien la controle, puede generar unos u otros resultados. Ya que es otra de forma de ver las propiedades sociales de las mercancías como resultado de sus propiedades materiales. Pero si le quitamos al valor su aspecto cuantitativo veo muy difícil criticar este fetichismo.

8. Es necesario recuperar el concepto de valor propio de la C.E.P., ante la tergiversación que se ha hecho de él a lo largo del pasado siglo. La corriente teórica conocida como TSS ha hecho una aportación importante a esta recuperación.

Esta tergiversación tiene dos partes. Primera, se nos dice que la ley del valor expuesta en El Capital es la versión marxiana del equilibrio general. Segunda, se le detectan fallos lógicos. Que son resultado de considerarla una variante del equilibrio general.

Pero la teoría del valor de Marx no es ninguna teoría de ningún equilibrio general. Por el contrario es una teoría dinámica con la ley del valor como ley de conservación fundamental. Así que, los tales fallos lógicos  no están en el texto de El Capital, sino en una interpretación insostenible del mismo.

Es importante darse cuenta de que la hipótesis del equilibrio general es indispensable para reducir la producción capitalista a producción de valores de uso. Por lo que lo que aquí tenemos es un intento de negar la C.E.P. incluso como posibilidad teórica, desde la Economía, Política u Ortodoxa5.

La llamada interpretación TSS ha planteado el debate sobre estas cuestiones y eso es lo que le hace interesante. Teniendo claro que no se trata de una interpretación global de El Capital sino tan solo sobre algunos aspectos técnicos de la ley del valor. Incluso sobre estos existen desacuerdos de matiz entre los diferentes autores que suscriben esta interpretación y desacuerdos aún mayores sobre la aportación de Mar y Engels.

 

 Jon Mendiolea (Militante de Herritar Batasuna)

 

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