INSURGENCIA GLOBAL proletari

Conferencia Internacional

Reconstruir la izquierda revolucionaria para promover la Revolución Socialista/Comunista

 

«Totalmente al contrario de lo que sucede en la filosofía alemana, que desciende del cielo sobre la tierra, aquí se asciende de la tierra al cielo. Es  decir, no se parte de lo que los hombres dicen, se representan o se imaginan, ni tampoco del hombre predicado, pensado, representado o imaginado, para llegar, arrancando de aquí, al hombre de carne y hueso; se parte del hombre que realmente actúa y, arrancando de su proceso de vida real, se expone también al desarrollo de los reflejos ideológicos y de los ecos de este proceso de vida».

                                                              [Marx-Engels : “La Ideología Alemana”]

 

“Ser radical es tomar el asunto de raíz. Pero, la raíz para el hombre es el hombre mismo».

          [Marx: “Crítica a la filosofía del derecho de Hegel”]

 

“Todo es ilusión, menos el poder».

                                               [Lenin]

  

Partimos de la premisa, bien constatada en la denuncia de los “padres fundadores” y por la realidad incontestable de la lucha de clases, que ya prácticamente desde las primeras décadas de la elaboración y configuración de la teoría marxista, de la fundamentación del materialismo histórico y de la dialéctica materialista, ya da inicio por sus “seguidores” el proceso de esterilización y deturpación.

Aún vivos Karl Marx y Friedrich Engels, la pequeña-burguesía radicalizada intenta apropiarse de este método científico de análisis e interpretación de la realidad. La gravedad de la desfiguración en curso provocó que Marx se viese obligado a declarar la tantas veces deliberadamente mal interpretada expresión lapidaria “Yo no soy marxista”.

Con su fina ironía, el barbudo de Tréveris lanzaba un indiscutible mensaje de advertencia, a quien alteraba el cerne de un sistema de pensamiento y de una filosofía transformadora, de una guía para la acción revolucionaria con el objectivo de la superación del modo de producción capitalista y construcción de una nueva sociedad sin explotación.

En carta fechada a 11 de noviembre de 1882, dirigida a su amigo del alma Engels, afirmaba encolerizado sobre sus yiernos «Que se vayan al diablo Longuet, el último proudhoniano, y Lafargue, el último bakunista».

Años después, el propio Engels volvió a transmitir a Paul Lafargue, también vía epistolar, fechada a  27 de octubre de 1890, su contrariedad y disgusto por tanto arribista que había tomado el partido socialdemócrata alemán:

«Estudiantes, literatos y otros jóvenes burgueses desclasados se han lanzado al partido, han llegado a tiempo para ocupar la mayoría de los puestos de redactores en los nuevos periódicos que pululan y, como de costumbre, consideran la universidad burguesa como una escuela de Saint Cyr socialista que les da derecho de entrar en las filas del partido con el título de oficial, si no de general. Estos señores practican todos el marxismo, pero de la especie que se conoce en Francia desde hace diez años, y del que Marx decía: “Todo lo que se es que yo no soy marxista”. Y probablemente diría de estos señores lo que Heine decía de sus imitadores: “Sembré dragones y coseché pulgas”».

Los dos revolucionarios fueron pues, bien conscientes de la tergiversación, errónea lectura y incorrecta interpretación de sus tesis, por los que afirmaban definirse como sus “correligionarios”.

El marxismo es ante todo una concepción científica del mundo realizada desde la óptica de los oprimidos. Un conjunto articulado, sistemático y coherente de ideas filosóficas, económicas, políticas y sociales elaboradas inicialmente por Marx y Engels, y más tarde desarrolladas por un conjunto diverso de seguidores, que procura denunciar la explotación de la clase trabajadora y promover como alternativa la Revolución Socialista/Comunista.

Pero todavía vivos los dos autores del “Manifiesto del Partido Comunista”, dio inicio la transformación del marxismo en un dogma, fosilizando su dialéctica, convirtiéndolo en una etiqueta engañosa que no se corresponde con lo que afirma ser y querer hacer.

El mecanicismo y economicismo que hoy define buena parte de las corrientes y fuerzas que se reclaman marxistas también ya fue denunciado en septiembre de 1890 por Engels en carta a Joseph Bloch:

«Desgraciadamente, acontece con harta frecuencia que se considera haber entendido totalmente y que se puede manejar sin más una nueva teoría por el mero hecho de haberse asimilado, y no siempre exactamente, sus tesis fundamentales. De este reproche no se encuentran exentos muchos de los nuevos “marxistas” y así se explican muchas de las cosas peregrinas que han aportado...».

Lamentablemente esta tendencia, salvo excepciones, ha sido la tónica dominante en los ciento treinta, ciento cuarenta años posteriores, y actualmente es dominante.

La mutación fue desarrollándose a lo largo del siglo XX y sigue siendo a día de hoy el principal repto y desafío del comunismo revolucionario para recuperar los principios fundacionales, sin los cuales no es viable reconstruir la línea discursiva, y básicamente, el accionar del movimiento revolucionario marxista-leninista, en plena deriva fascistizante de la fase superior imperialista del capitalismo monopolista.

El marxismo fue desprendido de su contenido profundamente subversivo, transformándose en una marca engañosa donde el prestigio de Marx y el rigor del método científico de su método analítico, va acompañado de una fraudulenta política socialdemócrata, apartada y contraria a los objetivos fundacionales, el derrocamiento por la vía revolucionaria del capitalismo.

Las posiciones defendidas por el revisionista Eduard Bernstein y el renegado Karl Kautsky -coautores junto con August Bebel del Programa de Erfurt y destacados miembros de lo que podríamos considerar segunda generación marxiana-, que tanto daño provocaron al marxismo, son lamentablemente a día de hoy la línea hegemónica, tanto en el ámbito académico como en el político.

 

Progresiva mutación. Del carmesí intenso al rojo desvaido, de la hoz y el martillo al rosa de aroma socialdemócrata

Tras la catástrofe mundial generada por el proceso de implosión que cristaliza con la caída del muro de Berlín [9 de noviembre de 1989] y la posterior disolución de la URRS [26 de diciembre de 1991], buena parte de los partidos que se reclamaban herederos de la tradición política promovida por la Revolución bolchevique, no optaron exactamente por la deserción y por la claudicación, pues esta ya se había producido décadas antes. Lo que realmente hicieron fue reconocer sin complejos lo que ya realmente eran: organizaciones socialdemócratas y progresistas, que sólo aspiraban a una gestión “social” del capitalismo. Culminaba así un dilatado y contradictorio proceso degenerativo.

La “paradigmática” mutación socialdemócrata del PCI -cristalizada en 1991 con su reconversión en Partito Democratico della Sinistra [PDS]-, ya se había iniciado décadas antes, en un largo proceso que va del Giro de Salerno [Svolta di Salerno] implementado por Palmiro Togliatti en 1944, hasta la política del “compromiso histórico” promovido por Enrico Berlinguer tres décadas despues.

Las soluciones al nudo gordiano que nos permitan explicar, entender y fundamentalmente corregir el amorfismo en el que se encuentran instalados el resto de los partidos y organizaciones de las diversas corrientes “marxistas”, que en la actualidad se reclaman herederas de su heroica tradición, las vamos encontrar en Marx, Engels, Lenin y el Che.

Sabemos que la renuncia a los ejes y fundamentos ideológicos, a la desfiguración de su praxis y objetivos políticos, no es una deformación genética del marxismo. Es una patología inoculada en los partidos comunistas por direcciones con una composición de clase ajena al proletariado y sectores explotados del pueblo trabajador.

Desviación que disfraza virajes estratégicos, accionares posibilistas, alianzas amplias en las que se renuncia a la búsqueda de la hegemonía obrera, en aras de quebrar el “aislamiento”, de facilitar la “implantación social”, “ganar adeptos”, siempre bajo la justificación de la errónea interpretación de la “flexibilidad táctica leninista”.

En estos más de 150 años de marxismo o de marxismo[s], la lúcida sentencia del revolucionario alemán de que «la historia se repite, la primera vez como tragedia y la segunda como farsa», ha sido una constante en el desarrollo de la lucha y combate por «tomar el cielo por asalto».

El naufragio continúa. Lamentablemente aún seguimos asistiendo a la transformación de organizaciones que afirmaban tener como objetivo la Revolución Socialista, en inofensivas fuerzas que sólo procuran la alternancia parlamentaria en la dictadura de la burguesía.

La lastimosa situación en la que se encuentra el movimiento revolucionario comunista a escala mundial, es directamente consecuencia de esta enfermedad parasitaria que viene acompañando prácticamente desde su inicio un sistema teórico abierto, un método de análisis e interpretación del presente que necesita ser permanentemente contrastado por la realidad de los hechos históricos, sociales, políticos, económicos y culturales en permanente movimiento y constante relación dialéctica. Que mantiene un vínculo inseparable con el contenido subversivo y visión insurgente de una praxis eminentemente revolucionaria.

Salvo excepciones destacadas, Lenin y el Che, la mayoría de los dirigentes de los que vulgarmente podemos definir como marxistas, o la más adecuada categorización de marxianos, tan sólo contribuyeron con su accionar teórico-práctico, a desfigurar el marxismo como brújula del conjunto de la clase obrera, como GPS de los pueblos explotados y humillados, en su legítima y necesaria lucha permanente contra toda forma de dominación y opresión.

El combate sin tregua, las duras e incansables polémicas, que durante décadas Lenin abordó con toda su brillante vehemencia y afilado verbo contra la deturpación socialdemócrata, deben hacer parte de la preocupación de los legítimos herederos políticos e ideológicos de Marx y Engels, ante la grotesca desnaturalización impuesta en el seno del movimiento obrero.

No tenemos que preocuparnos por agradar a los diferentes reformismos, por procurar su simpatía. Nuestra prioridad no pasa por influir en su cuerpo de cuadros y en su militancia. Nuestro objetivo es aproximar a la clase trabajadora al campo del marxismo revolucionario, organizarla y movilizarla, y simultáneamente combatir las falsas lecturas de lo que debe ser la implementación de la línea comunista.

Sin recurrir a este arsenal imprescindible para separar la paja del trigo, para deslindar el campo reformista del revolucionario, estamos condenados a continuar enlodados y sin capacidad de maniobra que nos permita salir del pozo.

 

Diversos y diferentes tipos de reformismos

Obviamente no podemos meter en el mismo saco el conjunto de partidos que se reclaman marxistas-leninistas. No es lo mismo el reformismo eurocomunista del PCE, un vulgar y degenerado partido socialdemócrata y chauvinista español, corresponsable directo de la consolidación del régimen postfranquista, que las fuerzas centristas.

El “Anti-Dimitrov. 1935/1985 – medio siglo de derrotas de la revolución”, una obra insuficientemente conocida del mejor marxismo más contemporáneo, define el centrismo como «forma original del oportunismo “comunista” del siglo XX, producto típico de la era del imperialismo, que tuvo en Bukarin, Dimitrov, Stalin, Mao, Gramsci, sus ideólogos y jefes políticos de mayor proyección. El centrismo como expresión de una corriente intermedia obrero-pequeño-burguesa y por eso obligada a proteger su incoherencia política e ideológica con una armadura “férrea”: despotismo “revolucionario”, “para defender la dictadura del proletariado”, organización monolítica, “para defender la unidad del Partido”, parálisis ideológica, “para defender la pureza de la doctrina”. El centrismo, como artífice del revisionismo que más tarde vino a tomar el mando del movimiento obrero. El centrismo, en fin, como partero de un régimen social nuevo en la Historia, el capitalismo de Estado, último reducto de la burguesía, a la cual permite renacer de las cenizas bajo una nueva forma “socialista”».

La involución fascistizante que diversas fracciones de la burguesía están promoviendo, ante la incapacidad del modelo liberal de estabilizarse por las permanentes turbulencias económicas y políticas generadas por la crisis estructural del capitalismo crepuscular, debe ser combatida con coraje y determinación, pero no empleando las fallidas herramientas frente-populistas ensayadas inicialmente en el período de entreguerras y posteriormente inspiradoras de procesos fallidos como la Unidad Popular chilena de Salvador Allende o el sandinismo.

En Francisco Martins Rodrigues encontraremos llaves cognoscitivas en lo que dice respeto a principios definidores de una coherente línea comunista que con intrepidez y audacia sepa que el “unitarismo democrático y popular” bloquea la revolución proletaria, pues alinea el pueblo por el nivel más moderado, común a todos, o sea, deja a un lado los objetivos revolucionarios de la clase obrera, que, obviamente no son comunes.

La hipócrita y engañosa apelación a la “unidad” que define el accionar del reformismo entreguista de la UPG en el BNG, o los espacios “unitarios” de la nueva socialdemocracia [Unidas-Podemos, Mareas, confluencias municipalistas, etc], son de «una cierta unidad: unidad en torno de las reivindicaciones limitadas de la pequeña-burguesía, comunes a todo el pueblo, sacrificando para tal las reivindicaciones revolucionarias de la corriente obrera».

Las Frentes Populares son el modelo organizativo idóneo donde la hegemonía pequeño-burguesa integra y limita las posiciones obreras en la defensa de la democracia y en el combate al fascismo.

Lenin, tal como afirma el revolucionario portugués, consideraba necesarios compromisos y maniobras tácticas, luchas por reformas, pero apenas desde que favoreciesen en cada momento la elevación de la conciencia revolucionaria del proletariado, la preparación para el combate definitivo.

«la cuestión está en saber aplicar esta táctica de modo a elevar y no rebajar el nivel de conciencia general del proletariado, su espíritu revolucionario, su capacidad de luchar y de vencer».

 

Pero no debemos obviar que la pequeña-burguesía es una rama auxiliar del sistema capitalista de explotación del proletariado y semi-proletariado.

Claro que debemos participar en espacios amplios de reivindicaciones concretas y parciales, pues el comunismo revolucionario no puede aislarse del movimiento político real de las masas, pero tampoco «subordinarse a su dinámica reformista espontánea, pero sí penetrar en él para hacer emerger la línea proletaria y conducirlo a través de los zigzagues de la lucha de clases en el camino de la revolución».

Recordemos que en los albores de la Primera Guerra Mundial, en octubre de 1914, en una carta dirigida a Alexander Chliapnikov, Lenin afirmaba: “En adelante odio y desprecio a Kautsky mas que a nadie, por su vil, sucia y autosatisfecha hipocresía».

Un siglo, más un quinquenio, tras esta magistral caracterización sobre uno de los padres del reformismo, en el año en el que se conmemora la creación de la III Internacional que hubo que fundar sobre las cenizas de la Segunda -reventada por las contradicciones generadas por la infección chauvinista-, continuamos combatiendo la corriente socialdemócrata, ahora mayoritaria entre los partidos que aún se denominan “comunistas”.

Hace unos meses, en el aniversario de la capitulación del Berlín nazi ante el Ejército Rojo, fue divulgada una declaración apoyada por diez partidos comunistas latinoamericanos.

El manifiesto firmado en Montevideo [Uruguay], cuyo título “Por la solidaridad antiimperialista, por la paz, la democracia y el socialismo”, ya da pistas de su claro contenido reformista y socialdemocratón. El documento es un conjunto de ideas fuerza en materia táctica y estratégica que van de la defensa intransigente de las experiencias de los gobiernos social-liberales del Frente Amplio uruguayo, del Brasil de Lula y Dilma Rousseff, del México de López Obrador, pasando por la legitimación de la vía pacífica al socialismo y de los brindis al sol en la exigencia del cumplimiento de los acuerdos de paz en Colombia, hasta la reafirmación en el modelo frentista dimitroviano. La declaración provocó una adecuada, aunque incompleta, respuesta del Partido Comunista de México.

Que decir de un heroico y glorioso partido comunista en armas que firma una capitulación em toda regla bajo la justificación de acuerdo de paz, y que de forma meteórica transita de propugnar la Revolución Socialista y la Patria Grande bolivariana, a defender la reconciliación nacional, la democracia y la paz.

En la primavera de 1990, Francisco Martins Rodrigues, uno de los teóricos comunistas que más aportaciones ha realizado a las reflexiones que nos convoca esta Conferencia Internacional, escribió un sintético y certero artículo titulado “¿No quieren el marxismo? Nos quedamos con él!” del que extraemos su conclusión.

«Vivimos a lo largo del último medio siglo una exasperante agonía, durante la cual el movimiento obrero vino rebajando su identidad, sus valores, sus ambiciones, amarrado al lento hundimiento de los revisionistas, que les garantizaban que cada capitulación era para pasar más deprisa y más suavemente al socialismo. El movimiento obrero fue así reducido a un restregón, sin confianza en sí mismo, sin odio al enemigo. A partir de ahora, ante la consumación de esta gran traición histórica, va a ser forzado a buscar de nuevo su camino. Y a esa altura, el marxismo y el leninismo que ustedes ahora nos dejan con tanto desprecio se convertirá nuevamente en una arma demoledora».

 

Periodización del proceso de secuestro del marxismo

Además de la natural degeneración, que sin lugar a dudas ha sido y dialécticamente será una inherente compañera de viaje del movimiento obrero hasta alcanzar el «último desenlace», el marxismo fue secuestrado por lecturas eclépticas que lo convirtieron en un dogma petrificado al que citar, mas no aplicar.

Este proceso de deturpación y contaminación, tal como defendemos, comienza a tomar cuerpo simultáneamente a su proceso fundacional, prácticamente con sus orígenes.

Podríamos periodizarlo en cuatro grandes fases o etapas:

1º- Período inmediatamente posterior a la publicación del “Manifiesto del Partido Comunista” [1847] hasta la fundación y desaparición de la AIT o I Internacional [1864-1876].

2º- De la II Internacional [1876] a la Revolución bolchevique [1917] y posterior fundación de la III Internacional [1919].

3º- De la etapa posterior a la muerte de Lenin [1924] hasta la implosión de la URSS [1991].

4º- De la etapa postsoviética hasta la actualidad.

Un período tan largo, trepidante y complejo, que abarca la segunda mitad del siglo XIX, la totalidad del XX y las dos primeras décadas del siglo XXI, no se puede esquematizar fácilmente, sin plagar su análisis de cientos de matices y explicaciones en notas a pie de página que optamos por prescindir para facilitar la tesis que queremos defender y divulgar.

La práctica totalidad de las tentativas y procesos revolucionarios inspirados en el marxismo, que tuvieron lugar a lo largo de este intervalo histórico, donde como no podía ser de otro modo se desarrollaron ciclos de profundas transformaciones, pero también de involuciones y retrocesos, estuvieron condicionadas por la adulteración que acompaña el legado teórico-práctico asentado por Karl Marx y Friedrich Engels.

De la Comuna de París [1871] hasta la Revolución Cubana de enero de 1959, no lograron consolidarse el conjunto de convulsiones que cuestionaron el [des]orden social global paulatinamente impuesto por la burguesía y las relaciones imperialistas.

La mayoría de los principales procesos estuvieron inspirados en la Revolución de Octubre de 1917, y promovidos por organizaciones y fuerzas directamente vinculadas al universo de la Komintern. De las inmediatas tentativas insurreccionales ensayadas en Alemania [1918], Hungría [1919], biennio rosso italiano [1919-1920], pasando por la guerra de clases de 1936-1939 en el Estado español, a los posteriores triunfos de la Revolución china [1949], vietnamita [1975], nicaraguense [1979], hasta el proceso bolivariano del “Socialismo del siglo XXI”, actualmente agonizante en Venezuela, existe un invisible hilo conductor, que nos permite comprender las causas del fracaso en sentar las bases sólidas de una sociedad socialista, como período de transición hacia el comunismo.

La carencia de una genuina ideología proletaria, ausencia de una dirección y orientación básicamente obrera por su hegemónica composición de clase pequeño-burguesa, dificulta en el mejor de los casos, cuando no imposibilita, implementar un programa revolucionario.

La mayoría de estos procesos optaron deliberadamente por fórmulas intermedias de modelos socio-económicos mixtos, que no cuestionan las bases de la economía de mercado y por lo tanto no desmontan la superestructura política e ideológica de la dominación burguesa.

La inmensa mayoría de los partidos europeos denominados “comunistas”, mas también de buena parte del resto del planeta, continúan estando dirigidos prácticamente desde la década de los sesenta del pasado siglo por cuadros de origen pequeño-burgués, que bloquean o imposibilitan mantener una acción teórico-práctica anticapitalista.

Como fuerzas interclasistas se transformaron básicamente en maquinarias electorales, optan por defender cambios graduales empleando las instituciones de las “democracias burguesas”.

No es casualidad que la Conferencia Internacional que convoca Agora Galiza-Unidade Popular el 24 de julio en Compostela, esté ilustrada sobre un globo terráqueo presidido por banderas rojas y las efígies de Marx, Lenin y el Che. Claro que se podrían haber incorporado más referentes, pero ninguno de ellos tendría un grado de coherencia como la de los elegidos para esta importante y necesaria iniciativa.

 

Parte de la teoría marxista continúa inédita

Una parte de sus monumentales obras está oculta o intencionadamente aún no fue divulgada y publicada. No olvidemos que  “La Ideología Alemana”, escrita entre 1845-1846, no fue publicada hasta 1932 por el Instituto Marx-Engels de Moscú dirigido por David Riazanov, cuyo desconocimiento por parte de Lenin había causado una errónea utilización del concepto de ideología en el “¿Qué hacer? Problemas candentes de nuestro movimiento” [1902].

En noviembre de 2018, Agora Galiza-Unidade Popular promovió un conjunto de iniciativas orientadas a reivindicar la vigencia y la necesidad del marxismo. Acompañados de Néstor Kohan, tuvimos la oportunidad de presentar y divulgar en Galiza la antología “Comunidad, nacionalismos y Capital. Marx 200 años”, un compendio de textos inéditos de Karl Marx, compilados por el vicepresidente de Bolivia, Álvaro García Lineras, y acompañado por un estudio preliminar del revolucionario y teórico marxista argentino.

Es necesario que los comunistas realicemos una lectura sistemática y crítica del marxismo, yendo a las fuentes, sin la cual no será posible el avance y triunfo de las Revoluciones socialistas en el siglo XXI.

Sin leer y estudiar a fondo Alexandra Kollontai no podremos hacer frente al feminismo liberal pequeño-burgués, pero tampoco al amorfismo izquierdista, que pretende sustituir la contradicción de clase por la disparatada contradicción de género; sin leer y estudiar a fondo a Marx y a Engels no podremos hacer frente al decrecimiento, otra más disparatada y falsa alternativa anticapitalista de la metafísica post; sin leer y estudiar a fondo a Lenin no podremos hacer frente al chauvinismo hegemónico en los partidos “comunistas” occidentales que se niegan a aplicar los tres conceptos centrales de la base teórica del marxismo [las naciones son productos históricos, ni naturales ni eternos; una nación que oprime a otra no puede ser libre; la liberación de la nación oprimida es premisa para la revolución socialista en la nación dominante], y la posterior elaboración estratégica de Lenin para el movimiento obrero fundamentada en el derecho de autodeterminación.

Insistimos, en los millones de litros de tinta publicadas, pero también de las incompletas obras de los padres del marxismo, encontraremos las soluciones.

En este debate vital, las proféticas palabras dirigidas a Palmiro Togliatti por Ignazio Silone, uno de los fundadores del PCI -aunque posteriormente evolucione hacia posiciones liquidacionistas, adquieren máxima relevancia-: «la lucha final será entre comunistas y excomunistas».

De hecho, también nosotros, el nuevo comunismo gallego que se organiza a mediados de la década de los noventa del siglo XX, somos corresponsables, por haber contribuido por activa y básicamente por pasiva, de alimentar algunas de las falacias instaladas en el seno del “marxismo”, y deliberadamente divulgadas acríticamente durante décadas, en lo que dice respecto de sus carencias y limitaciones.

Si el marxismo no se preocupó de la cuestión femenina y de la específica opresión que padecen las mujeres trabajadoras ..., si el marxismo subestimó la crisis ecológica ..., si el marxismo no prestó atención al derecho de autodeterminación de los pueblos ... un conjunto de “afirmaciones” falaces que son fácilmente desmontadas accediendo a las fuentes, simplemente estudiando y debatiendo sus textos.

Dos años antes de su muerte, después de haber sido capturado en combate en Bolivia, el Che ya había advertido:

«Consideramos importante la tarea porque la investigación marxista en el campo de la economía está marchando por peligrosos derroteros. Al dogmatismo intransigente de la época de Stalin ha sucedido un pragmatismo inconsistente. Y, lo que es trágico, esto no se refiere sólo a un campo determinado de la ciencia; sucede en todos los aspectos de la vida de los pueblos socialistas, creando perturbaciones ya enormemente dañinas, mas cuyos resultados finales son incalculables (…) Nuestra tesis es que los cambios producidos a raíz de la NEP han calado tan hondo en la vida de la URSS que han marcado con su signo toda esta etapa. Y los resultados son desalentadores: la superestructura capitalista fue influyendo cada vez en forma más marcada las relaciones de producción, y los conflictos provocados por la hibridación que significó la NEP se están resolviendo hoy a favor de la superestructura. Se está regresando al capitalismo».

El economicismo que caracteriza el accionar del sindicalismo realmente inexistente en Galiza, en el conjunto de los países occidentales, pero también en la mayor parte de las formaciones sociales de la periferia, que caracteriza el programa político de las formaciones de la autodenominada “izquierda marxista”, es uno de los cánceres que dificulta acumular fuerzas orientadas para la Revolución Socialista/Comunista, pues genera expectativas sobre las posibilidades de alcanzar mejoras empleando los limitados mecanismos “democráticos” que permite la burguesía, y alimentan el ilusionismo electoral que hipoteca la reorganización de la izquierda revolucionaria marxista-leninista.

 

Fetichismo parlamentario, cobardía congénita y batalla ideológica

El respeto supersticioso a la legalidad imperante que define el accionar de los diversos reformismos, de los “comunistas” abducidos por el falso brillo del cretinismo parlamentario, con todas las matizaciones que queramos añadir, es una de las expresiones más nítidas de la incapacidad por trascender y desprenderse del vírus electoralista que anestesia y desvirtúa una acción teórico-práctica revolucionaria.

En 1919 la Tercera Internacional definía sin eufemismos que las “democracias burguesas” son una «máquina para la represión de la masa de trabajadores por un puñado de capitalistas». Un siglo después de esta lúcida lectura, la mayoría de los que se reclaman marxistas, socialistas y comunistas, obvian esta caracterización.

Previamente Lenin había manifestado que «La democracia en la sociedad capitalista nunca puede ser más que una democracia truncada, miserable, falsa, una democracia apenas para los ricos, para la minoría».

La renuncia a la batalla ideológica por la izquierda hegemónica, asumiendo acríticamente los límites impuestos por nuestro enemigo de clase, el terror a las campañas difamatorias y manipulaciones de sus medios de [des]información masivos, sólo contribuye para la progresiva pérdida de posiciones y avance de la falsa conciencia necesaria, de la “ideología” reaccionaria, que al contrario de lo que propugnan las izquierditas acomplejadas y timoratas, afirma con claridad lo que son y pretenden hacer.

El substituto en el liderato del partido de M punto Rajói en plena campaña electoral afirmó sin vacilaciones que el PP reinstauraría los acuerdos alcanzados previamente por el sindicalismo pactista, la patronal y el Gobierno en materia del SMI.

Tenemos que tener siempre presente las palabras del guerrillero heroico y gran pensador marxista: «El socialismo económico sin la moral comunista no me interesa. Luchamos contra la miseria, pero al mismo tiempo luchamos contra la alienación”.

El Che tenía claro que no era posible economía sin política, como tampoco era posible política sin economía, pero también defendió con claridad que la política estuviese al mando de  timón de la economía y no y viceversa. Lo mismo que para las cuestiones militares, una de las que más urticaria genera entre los diversos reformismos y  revisionismos que a día de hoy controlan la práctica totalidad de las fuerzas y organizaciones “comunistas”. Aunque, parafraseando a Mao, el “poder está en la punta del fusil, la política siempre debe estar al mando del accionar militar revolucionario, y no al revés.

Si Marx y Engels han sido “fácilmente” manipulados, y la desvirtuada efigie del Che convertida em merchandising, todo lo que representa Lenin es inasumible para el Capital y la inmensa mayoría del reformismo.

 

Contrariamente a lo que se pueda pensar, la mayor amenaza que padece el leninismo -como continuidad, desarrollo y perfeccionamiento del marxismo-, no procede del exterior del campo político que se reclama "comunista".


Todas las tentativas del imperialismo por manipular y criminalizar su coherente acción teórico-práctica no lograron evitar que Lenin siga siendo referente de la lucha obrera.

Sin embargo, el verdadero peligro es la adulteración de los fundamentos del leninismo que practica la inmensa mayoría de fuerzas y partidos que se reclaman "comunistas".

Es necesario rescatarlo del amorfismo y de la folclorización que practica la socialdemocracia disfrazada de comunista, depurar la más mínima banalización de su legado, y reivindicar con orgullo y decisión su proyecto anticapitalista y revolucionario. Lenin es inspiración y guía de la lucha proletaria mundial, y de l@s comunistas galleg@s contra la explotación capitalista y la liberación nacional de nuestra Patria.

Lenin afirmó que el marxismo es exacto porque es dialéctico. Aunque parezca un ejemplo clásico de contradicción aparente, expresa una coherencia admirable: la exactitud de la dialéctica radica en la propia dialéctica, sujeta a cambios, evoluciones y a un desarrollo infinito y perpetuo.

La “izquierda” electoral olvidó en su accionar que la democracia burguesa es la forma más blanda de la dictadura del Capital. Mediante una combinación de funambulismo político y amnesia sigue defendiendo que el capitalismo es reformable.  Su obsesión cuando gestiona las instituciones burguesas es demostrar que es capaz de hacerlo mejor, con mayor eficacia, de forma más honesta, que las organizaciones reaccionarias. Huyendo de la esencial pedagogía política, olvidando organizar pueblo trabajador, de movimentarlo, contribuye a reforzar lo contrario de lo que el marxismo defiende. En vez de incrementar las contradicciones las amortigua en aras de probar que “sí se puede” cambiar cosas utilizando la institucionalidad del enemigo. Una falacia que consolida la lógica sistémica, absorbe energías, desvía atenciones e imposibilita acumular fuerzas rebeldes.

 

Promover una nueva Internacional

Somos conscientes de la tarea hercúlea que esto supone, de su complejidad, mas sabemos que sólo será viable abrir camino a escala internacional. Es por lo que la construcción de espacios de coordinación y debate internacionalista entre organizaciones y partidos revolucionarios sigue siendo -a igual que en 1919 con la fundación en marzo de la Komintern-, una de las principales tareas.

Actualmente existen un conjunto de espacios que intentan actuar como algo similar a una Internacional. Sin embargo, o bien son las fragmentadas IV Internacionales trostquistas, caracterizadas por un radicalismo vacio en el plano teórico y un ilimitado oportunismo político.

O bien son las coordinadoras de los restos de los partidos comunistas de la corriente maoísta como el Movimiento Internacional Revolucionario, o del hoxhaismo representado en la Conferencia Internacional de Partidos y Organizaciones Marxistas-Leninistas [CIPOML]. 

Lo más “similar” al embrión de una nueva internacional continuadora de las tesis del VI Congreso [1935] de la Tercera Internacional, por la composición de sus partidos integrados y línea política dimitroviana, es el Encuentro Internacional de Partidos Comunistas y Obreros [EIPCO], fundada en 1998, que aglutina entre enormes tensiones algo más de medio centenar de organizaciones que sobrevivieron al naufragio del “socialismo” soviético.

Con otro carácter y dimensión no estrictamente comunista, debemos citar al Movimiento Continental Bolivariano [MCB], refundado en diciembre de 2009 en Caracas, Venezuela, como continuación de la Coordinadora Continental Bolivariana [2002]. Espacio muy vinculado a la insurgencia comunista fariana, actualmente en proceso de reactivación.

Ya en un plano mucho más modesto y en fase embrionaria también debemos citar el Manifiesto Internacionalista de Compostela [MIC], creado el 24 de julio de 2017 en la capital de Galiza, que aglutina un conjunto de núcleos, partidos y organizaciones revolucionarias de la Península Ibérica.

 

Propuestas finales

  • Debemos asumir que nos aproximamos al ojo del huracán de la más devastadora etapa de reflujo ideológico de las últimas décadas. Es pues necesario configurar una insurgencia global con las especificidades y singularidades a escala local.
  • Debemos interiorizar que el panorama de involución fascista no tiene visos de cambiar a corto plazo. Debemos prepararnos para una colisión inevitable en la pugna inter-imperialista.

“Habrá que resistir y habrá que resistir no sólo resistiendo sino atacando, habrá que construir una conciencia de lucha, y habrá que estar dispuestos, habrá que estar entrenados, habrá que estar listos para cuando el momento surja, para cuando la oportunidad aparezca…”. [Justo de la Cueva, agosto de 2011].

  • Es prioritario depurar el marxismo-leninismo de las deturpaciones que lo tienen transformado en un proyecto amórfico, grotesco e inofensivo por las más diversas variantes del reformismo y revisionismo.

Sin lograr este objetivo, el proletariado seguirá incapacitado para derrotar a la burguesía, los pueblos oprimidos no lograrán su libertad, y el capitalismo senil seguirá avanzando en la destrucción del planeta y de la humanidad.

Mientras la inmensa mayoría de los que se declaran “comunistas” sigan instalados en el electoralismo, alimentando el cretinismo parlamentario, actuando de muro de contención de la rebeldía, esterilizando las luchas populares, condenando su combatividad, la Revolución Socialista no será viable.

  • La batalla ideológica es pués esencial para desprendernos de este virus que se apoderó del marxismo, hasta convertirlo en una prolongación “progresista” del pensamiento burgués.
  • La reconstrucción de una nueva corriente socialista/comunista en Galiza y a escala internacional, exige huir de la nostalgia paralizante, de lecturas fosilizadas, de falsos antídotos frente a la claudicación socialdemócrata, del confort de las inercias que sólo nos conducen a la derrota.
  • En esta tarea debemos incorporar a Lenin , pues representa al marxismo más genuino, la plena vigencia de la más elaborada análisis del capitalismo en su fase imperialista, simboliza el derecho a la rebelión de explotados y oprimidas, y la necesidad de la insurrección obrera como estrategia para la toma del poder por la clase trabajadora orientada a la destrucción del capitalismo y la edificación de la sociedad socialista.

Es necesario evitar que la “izquierda” pequeño-burguesa se apropie de su acción teórico-práctica, vaciando su contenido subversivo.

  • La reconstrucción de la izquierda revolucionaria para promover la Revolución Socialista/Comunista no es una operación cosmética, ni un conjunto de remiendos. Es un proceso complejo y difícil, donde no existen atajos.

Sabemos donde queremos ir y como hacerlo. También sabemos bien lo que no queremos y los caminos que nunca debemos coger. Tenemos que reclutar efectivos imprescindibles para alcanzar con éxito el objetivo.

  • Siguiendo un proceso de maduración teórica e implementación práctica ensayada en los tres quinquenios previos, el 5º Congreso de Primeira Linha [2010] definió con claridad las características, el proceso de acumulación de fuerzas, los objetivos estratégicos de la Revolución Galega, sus fases y etapas, las tareas y el rol de la clase obrera en el desarrollo de la Insurrección Nacional Obrera y Popular [INOP]. La VI y VII Asamblea Nacional de NÓS-UP [2011 e 2013 ]desarrollaron tácticamente la línea de la nueva izquierda independentista y socialista gallega, basada en la independencia de clase y en la articulación de un espacio socio-político claramente diferenciado de las posiciones esencialistas y etnicistas, de las reinvindicaciones identitarias desconectadas de la lucha de clases que definen el actuar del nacionalismo gallego y de sus satélites.
  • Debemos apartarnos de la charlatanería de los telepredicadores que prometiendo milagros, han sido altamente funcionales para la consolidación de esta segunda transición postfranquista, aún en curso y con muchos cabos sueltos, pero donde se tiene constatado la capacidad de recomposición de la tercera restauración borbónica.
  • Es necesario deslindar campos frente a la nueva socialdemocracia que sólo ha contribuido a estabilizar el régimen, conduciendo al movimiento de masas a un largo período de reflujo alimentando el ilusionismo electoral que ha congelado las luchas populares, las huelgas, la conflictividad social.

Pero también desenmascarar el surgimiento de grupos que reclamándose del marxismo pretenden ocupar y organizar la izquierda revolucionaria desde la nostalgia. Por muy buenas intenciones que manifiesten parte de las personas que los promueven, estos grupos están de partida esterilizados para consolidarse como fuerza subversiva, como vanguardia revolucionaria.

Por un lado reproducen similar paradigma español de la burguesía que afirman combatir. Aunque evoquen, y asimismo recojan en su programa el derecho de autodeterminación, nada hacen para que se ejercite. Este derecho aparece desde los primeros años de su fundación en el programa del PCE y de sus escisiones de los sesenta, setenta y ochenta del siglo pasado, como una mera formalidad democrática que su práctica niega diariamente, actuando como agentes de la asimilación española que promueve la oligarquía.

La negación de Galiza como marco nacional de lucha de clases, por lo tanto no aplicando el principio de autoorganización de la clase obrera gallega en un partido comunista propio y en espacios más amplios, constata las limitaciones congénitas de su chauvinismo español, ideología antagónica con los intereses objetivos de la clase obrera y del conjunto del pueblo trabajador.

La carencia de una formación ideológica sólida, basada en el estudio y reflexión de la teoría de Marx y Lenin, de la trágica evolución de la Revolución bolchevique, de sus deformaciones y degeneraciones, provoca que frente a la línea conciliadora eurocomunista instalada en el “comunismo” español, de su consabida práctica socialdemócrata y colaboracionista, opten por identificar al estalinismo como la vacuna frente al proceso de aceleración de la coexistencia pacífica, renuncia a la lucha revolucionaria emanada del XX Congreso del PCUS, y sus nefastas consecuencias en los partidos comunistas tradicionales. ¡Como si la orientación del PCUS desde los años treinta sea un ejemplo a seguir! Recordemos que Lenin ya en 1921 definió la URSS como un “estado obrero burocráticamente degenerado”.

  • Sin lugar a dudas es necesario resituar la lucha de clases en la centralidad de la política gallega, desenmascarar sin tregua el cáncer del “ciudadanismo”, de la transversalidad y de los “intereses de la gente”. La clase trabajadora es la fuerza motriz, la única clase potencialmente revolucionaria. 
  • La totalidad de la izquierda reformista, y mismo la denominada izquierda rupturista, ha interiorizado las categorías y conceptos del Capital, empleando idéntica terminología que la burguesía, reproduciendo así la ideología dominante en el movimiento popular, domesticando a la clase obrera, desarmando su potencial antagónico, ejerciendo de muro de contención de las reivindicaciones y luchas, canalizándolas por la fracasada vía electoralista. La más mínima expresión de rebelión, de ejercicio de autodefensa, es inmediatamente ahogada y condenada por cuestionar los “mecanismos democráticos”. Esta es la izquierda que necesita la derecha para perpetuar bajo la fachada democrática la explotación y dominación de la mayoría social.
  • Descartar las perversas tendencias al “unitarismo”, esa adulteración senil del movimiento obrero y popular, tan atractiva y fascinante, pero también inevitablemente condenada a repetir sus fracasos históricos.
  • La fórmula de Frente Única sigue plenamente vigente. Debemos promover unidades tácticas, sin descartar acuerdos estratégicos, entre las organizaciones y partidos de clase.

Frente única contra el fascismo, contra el capitalismo y el imperialismo, por la liberación nacional de Galiza, combinando dialécticamente la táctica de “golpear juntos, marchar separados”. Cada organización proletaria debe defender y promover su propio programa político, pero en el momento de la acción trabajar en equipo.

  • La vigencia de la acción teórica de Marx, Lenin y el Che Guevara debe lanzar a la basura de la Historia a los Laclaus, Jeremy Corbyns, Varoufakis, Bernies Sanders, Errejons y especímenes similares, promovidos por los laboratorios "ideológicos" del imperialismo.
  • Somos plenamente conscientes de las enormes limitaciones que arrastramos y poseemos, pero sin realizar una ruptura completa no lograremos contribuir a la tarea que con modestia y determinación hemos trazado.

 

 

Mugueimes, Val do Límia, 2 de julio de 2019

 

Carlos Morais [Agora Galiza-Unidade Popular]

 

 

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