INSURGENCIA GLOBAL proletari

 

“Habiéndose propuesto cambiar el mundo, no elaborar una nueva interpretación de él, la teoría marxista debe ser evaluada en la balanza de la Historia.”

Alvin W. Gouldner, “Los dos marxismos”. (p. 354. Alianza Universidad, Madrid, 1989. Primera edición en Inglés de 1980.)

 

1.- Este escrito es una aportación personal para la Conferencia Internacional que con el lema “Reconstruir la izquierda revolucionaria para promover la Revolución Socialista/Comunista” ha convocado la organización hermana AGORA GALIZA en Compostela para el día 24 de julio de este año. Es un primer intento de reflexión teórica global que parte de mi experiencia actual como militante del Movimiento de Unidad Popular para la Revolución Socialista Vasca, Herritar Batasuna, y de mi militancia desde 1984 en el seno de varias organizaciones de lo que en su día fue el M.L.N.V., el Movimiento de Liberación Nacional Vasco: Herri Batasuna, A.E.K., A.S.K., K.A.S. y E.T.A. Es, pues, el fruto de más de 35 años de militancia revolucionaria organizada, más los años de simpatizante no encuadrado en ninguna estructura, desde 1981. Este texto está totalmente abierto a críticas, sugerencias y aportaciones de cualquier militante revolucionaria. Son tesis que desarrollaré verbalmente con mayor profundidad en la propia Conferencia y que espero que sean debatidas y criticadas radicalmente para entre todas llegar a una síntesis colectiva.

2.- Lo primero que debo de hacer es explicar el título: “¡Reconstruir la praxis comunista revolucionaria! ¡Fundar la Nueva Internacional Proletaria!” Creo que en estas dos consignas se sintetizan las prioridades de las revolucionarias de todo el planeta en estas primeras décadas de siglo XXI, ante la crisis global y profunda del Imperialismo que se prolonga desde 2008 y se va agravando día a día. La hipótesis que subyace en este texto es que el análisis de Karl Marx sobre la tendencia al derrumbe económico del Capitalismo se está viendo confirmada, con una agudización de todas las contradicciones del sistema y en especial de las luchas de clases, lo que nos acerca a un escenario de III Guerra Mundial y fascismos de nuevo tipo en todo el planeta. Al mismo tiempo, la crisis ecológica global y el agotamiento de los recursos añaden más gravedad a la situación. Nuestra respuesta como comunistas revolucionarias ante este reto es retomar la consigna de Lenin, adaptándola al siglo XXI y llevándola con nuestra lucha, hasta sus últimas consecuencias teóricas y prácticas: “¡Transformar las Guerras Imperialistas en Revoluciones Socialistas!”

3.- Hablamos de reconstrucción de la praxis comunista revolucionaria, por lo que lo primero que debemos hacer es precisar este concepto. La praxis es la síntesis dialéctica entre la teoría y la práctica. No es ni teoría ni práctica, sino las dos cosas a la vez, en una espiral dinámica sin fin. Praxis es teoría practicada y práctica teorizada. La filosofía de la praxis revolucionaria se fundamentó por primera vez en las Tesis sobre Feuerbach de Karl Marx. Citamos las más significativas: “La vida social es, en esencia, práctica. Todos los misterios que descarrían la teoría hacia el misticismo, encuentran su solución racional en la práctica humana y en la comprensión de esta práctica.” (8) “El problema de si al pensamiento humano se le puede atribuir una verdad objetiva no es un problema teórico, sino un problema práctico. Es en la práctica donde el hombre tiene que demostrar la verdad, es decir, la realidad y el poderío, la terrenalidad de su pensamiento. El litigio sobre la realidad o irrealidad de un pensamiento que se aísla de la práctica, es un problema puramente escolástico.” (2) “La teoría materialista de que los hombres son producto de las circunstancias y de la educación, y de que, por tanto, los hombres modificados son productos de circunstancias distintas y de una educación modificada, olvida que son los hombres, precisamente, los que hacen que cambien las circunstancias y que el propio educador necesita ser educado. (...) La coincidencia de la modificación de las circunstancias y de la actividad humana sólo puede concebirse y entenderse racionalmente como práctica revolucionaria.” (3). Escritas en la primavera de 1845. Publicadas por primera vez por F. Engels en 1888 como apéndice de su libro “Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana”. 

En nuestra opinión, en estos momentos es prioritaria la reconstrucción de la teoría revolucionaria comunista científica, aplicando el mismo método que utilizaron Marx y Engels para construirla, el método dialéctico materialista, y analizando por medio de él tanto la ideología marxista como todos los procesos revolucionarios de transición socialista al modo de producción comunista llevados a cabo a lo largo del siglo XX, los cuales, como todas sabemos, fracasaron, dándose un retorno contrarrevolucionario al modo de producción capitalista. A la par de la reconstrucción de la teoría se debe comenzar a llevar adelante nuevas prácticas revolucionarias acordes a esta reconstrucción teórica.

4.- El concepto de praxis revolucionaria es clave para comprender el pensamiento de Marx y Engels. Está íntimamente enlazado con el método dialéctico materialista. Constituyen una profunda unidad conceptual que se sitúa en el corazón de la teoría revolucionaria comunista científica. El filósofo comunista andaluz Adolfo Sánchez Vázquez, en su libro “Filosofía de la praxis” (1967 y 1980), trata  ampliamente este tema, a pesar de que su vida sea un ejemplo de la naturaleza contra revolucionaria del anti-stalinismo, como se lee en su prólogo a la edición de 1980, página 19: “El marxismo dominante en el movimiento comunista mundial no se reponía, ni se repone aún, de la profunda crisis en que lo había sumido la bancarrota del stalinismo. Sin embargo, ya estaba suficientemente clara, al menos para un sector cada vez más importante de marxistas, la necesidad de superar el dogmatismo y la esclerosis que durante largos años había mellado el filo crítico y revolucionario del marxismo”. Citamos aquí algunas de sus reflexiones: “La reivindicación de la praxis, como categoría central, se había convertido en una tarea indispensable para rescatar la médula marxista de sus envolturas ontologizante, teoricista o humanista abstracta. Ciertamente, era preciso deslindar el marxismo del que filosóficamente, como materialismo dialéctico, lo reducía a una nueva filosofía del ser o una interpretación más del mundo. Pero era preciso también marcar las distancias respecto de un marxismo cientifista o epistemológico que, impulsado por el legítimo afán de rescatar su cientificidad y, con ella, la racionalidad de la práctica política, desembocaba en una nueva escisión de teoría y práctica. Finalmente, era obligado revalorizar el contenido humanista del marxismo, pero sin olvidar que la emancipación del hombre pasa necesariamente por la emancipación de clase, del proletariado, fundada a su vez en un conocimiento científico, objetivo, del mundo social a transformar.” Ibídem. “El marxismo es, ante todo—seguimos pensando— una filosoa de la praxis y no una nueva praxis de la filosofía. La constitución del marxismo como ciencia frente a la ideología o la utopía es, ciertamente, capital, pero sólo se explica por su carácter práctico; es decir, sólo desde, en y por la praxis. Del papel que se conceda a la praxis depende el destino mismo del marxismo como teoría (nuevo teoricismo o arma de la revolución).” Prólogo a la segunda edición. 1972, página 23. 

“La filosofía hegeliana, al llevar hasta sus últimas consecuencias idealistas el principio de la autonomía y actividad del sujeto, despejó el camino para pasar a una concepción de la actividad humana como actividad práctica, real, revolucionaria. Feuerbach no captó lo que representaba esa dimensión activa de la conciencia que el idealismo alemán había subrayado. Cierto es que antropologizó el sujeto, y que en lugar de Dios o la Idea pretendió poner al hombre real, pero al reducir el verdadero comportamiento humano a su lado teórico, no acertó a ver el lado práctico de la relación del hombre con el mundo. Marx pudo llevar adelante el principio de la actividad del sujeto, una vez antropologizado, al concebir el hombre real no sólo como ser teórico, sino como un ser práctico (o, más exactamente, teórico-práctico) que despliega su actividad material transformadora como ser histórico-social. Por consiguiente, la verdadera caracterización del marxismo tiene que hacerse a partir del reconocimiento del lugar central que ocupa en él la categoría de praxis. Todo intento de reducir la importancia de ésta o de limitar su contenido, entraña el riesgo de caer en una concepción cientifista, objetivista, o en una interpretación que la haga retroceder a posiciones filosóficas que el propio Marx pretendió superar, y que superó efectivamente, al poner la praxis como eje de su filosofía.” Conclusión. Páginas 474-475. “El problema de determinar en qué obra o periodo de su pensamiento rompe Marx con la filosofía anterior presupone, ante todo, una toma de posición con respecto al punto o terreno en que se opera esa ruptura. Si se considera que rompe, fundamentalmente, con la filosofía idealista hegeliana en cuanto filosofía mistificadora que, con su mistificación, escamotea la realidad que ha de ser transformada, el lugar de la ruptura será la filosofía del derecho y el Estado, y, en este sentido, la crítica a que Marx somete al idealismo hegeliano en 1843 en su Contribución a la crítica de la filosofía del derecho de Hegel, cobra el relieve que Galvano Della Volpe le ha dado (cf. su “Rousseau y Marx”, Buenos Aires, Platina, 1963). Marx desgarra ahí los velos idealistas que ocultan la verdadera realidad: las condiciones materiales de existencia. Su crítica pone ante nosotros la realidad, pero de lo que se trata —como él dirá más tarde— es de transformar no una idea falsa, mistificadora sobre la realidad, sino la realidad que engendra esta idea. La ruptura de Marx con la filosofía anterior, por tanto, no es todavía radical. Aún no dobla el cabo que le permitirá avizorar la tierra firme de la filosofía como teoría y guía de la acción. Ahora bien, si se piensa que Marx rompe con la ideología para elaborar la teoría científica del socialismo, su ruptura significará la sustitución de un pensamiento ideológico —es decir, irreal, falso, ilusorio, en virtud de su condicionamiento de clase— por otro científico, y, entonces, se considerará no sin razón que las obras anteriores a “La ideología alemana” (1845) se hallan impregnadas de elementos ideológicos y que una verdadera concepción científica de la sociedad, basada en el descubrimiento de la contradicción entre fuerzas productivas y relaciones de producción, sólo se dará a partir de esa obra en la que se sientan ya los principios cardinales de la concepción materialista de la historia. Todo esto es cierto, y, sin embargo, lo decisivo en la formación del marxismo no es un cambio de conceptos, sin que ello excluya, en modo alguno, su necesidad; este cambio es necesario para que la teoría cumpla la función de instrumento de la transformación de lo real. La ruptura no se opera, pues, exclusivamente al nivel de la teoría, sino en relación con una práctica estrechamente vinculada a ella en cuanto la genera y, a la vez, la encarna. La reducción del marxismo a un cambio de conceptos, de teoría, aunque este cambio se vea en el paso de la ideología (o de la utopía) a la ciencia, significa recaer en una concepción cientifista o neopositivista ya que se olvida que el marxismo surgió como teoría —científica, por supuesto— de la praxis revolucionaria del proletariado.” La concepción de la praxis en Marx. 133-134. “Esta praxis revolucionaria como se ha puesto de manifiesto en las “Tesis sobre Feuerbach” no es actividad práctica pura, sino el terreno en que se opera la unidad del pensamiento y la acción. Si en La ideología alemana se nos dice que la historia humana es, ante todo, historia de la producción y que esta historia condiciona una praxis revolucionaria, en las “Tesis sobre Feuerbach” se señala el carácter racional de la praxis y, por tanto, la unidad de la teoría y la práctica. No basta definir las condiciones de la praxis revolucionaria —como hace la concepción materialista de la historia— sino que hay que señalar el camino para que esa praxis condicionada histórica y socialmente se convierta en una realidad. Es necesario pasar de la conciencia de la revolución, inscrita como posibilidad en la propia estructura social y en el movimiento histórico, a la revolución real, efectiva. Hay que elaborar una teoría concreta de la revolución como paso indispensable, en virtud de la unidad de la teoría y la práctica, para transformar las relaciones sociales existentes.” Ibídem. Página 188.

5.- Para reconstruir la praxis comunista revolucionaria, destruida por el Imperialismo y su quinta columna en el seno del Movimiento Comunista Internacional, los diferentes revisionismos, oportunismos y reformismos, es necesario hacer un balance global de la historia del comunismo científico desde su fundación, en 1848, con la publicación del Manifiesto Comunista. En nuestra opinión, hacer un balance de lo que se ha venido llamando el Ciclo de Octubre, es decir, las diferentes revoluciones socialistas del siglo XX, es necesario e imprescindible, pero no suficiente. Las raíces teóricas y prácticas de las derrotas de los procesos revolucionarios de transición socialista hacia el modo de producción comunista son mucho más profundas de lo que parece.

6.- La teoría revolucionaria comunista científica fue creada por Marx y Engels en la segunda mitad del siglo XIX. Esta teoría no cayó del cielo toda hecha. Surgió de las condiciones materiales reales de producción y reproducción social en el seno del modo de producción capitalista en Europa Occidental. Esta teoría nace de la reflexión sobre la práctica de la lucha de clases. Sintetiza, radicaliza y aclara sus problemas, genera nuevas prácticas que a su vez vuelven a enriquecer la reflexión teórica en una espiral dialéctica sin fin. Desde el principio fue conocida con el nombre de marxismo, lo que ha producido una serie de problemas tanto teóricos como prácticos de enorme calado cuyas consecuencias todavía sufrimos. Nuestra hipótesis de trabajo es que una cosa es la teoría revolucionaria comunista científica construida durante más de cincuenta años por Marx y Engels y otra distinta el llamado marxismo, una ideología más o menos revolucionaria con componentes de origen pequeño burgues. En nuestra defensa apelamos a los dos fundadores del comunismo científico: “La concepción materialista de la Historia también tiene ahora muchos amigos de ésos, para los cuales no es más que un pretexto para no estudiar la Historia. Marx había dicho a fines de la década de los 70, refiriéndose a los “marxistas” franceses, que “tout ce que je sais, c’est que je ne suis pas marxiste” (“Lo único que sé es que no soy marxista”)” Engels a Conrado Schmidt. Londres, 5 de agosto de 1890.

7.- La construcción de la teoría revolucionaria comunista científica por parte de Marx y Engels es un proceso enormemente complejo que se alargó durante más de cincuenta años. En concreto, desde la primavera de 1845, cuando Karl Marx escribe las “Tesis sobre Feuerbach” calificadas por Friedrich Engels en 1888 como “... el primer documento en que se contiene el germen inicial de la nueva concepción del mundo”, hasta 1895, fecha del fallecimiento del gran militante revolucionario alemán. Este proceso de elaboración teórica se basó siempre en la observación, análisis, reflexión y formulación de hipótesis a verificar en la práctica real de la lucha de clases. Es decir, se utilizó el método científico de investigación, más en concreto, el método materialista dialéctico. Este método es el corazón de la teoría revolucionaria comunista científica, y su fruto más elaborado son los tres tomos de DAS KAPITAL, la obra cumbre de Karl Marx, que desgraciadamente no pudo culminar, quedando la tarea titánica de finalizarla en las manos (y en los hombros)  de Friedrich Engels. El propio Karl Marx fue muy consciente desde el principio de que el método materialista dialéctico era el núcleo central de su teoría, y de que el hecho de que no fuera bien comprendido y ni siquiera tomado en cuenta iba a producir muchos problemas en el futuro “El método aplicado en El Capital ha sido poco comprendido, como lo demuestran ya las apreciaciones, contradictorias entre sí, acerca del mismo.” Epílogo a la segunda edición en Alemán de DAS KAPITAL, Londres, 24 de enero de 1873. Marx se alarma de esta falta de comprensión de su método, y para facilitar un mejor estudio de éste, cita de forma muy amplia un artículo aparecido originalmente en Ruso, en mayo de 1872 en una revista de San Petersburgo, donde el economista burgués Ilarión Kaufmann analiza con todo rigor este tema. Marx exclama: “Al caracterizar lo que él llama mi verdadero método de una manera tan certera, y tan benévola en lo que atañe a mi empleo personal del mismo, ¿qué hace el articulista, sino describir el método dialéctico?” Y prosigue más tarde: “Mi método dialéctico no sólo difiere del de Hegel, sino que es su antítesis directa. Para Hegel el proceso del pensar, al que convierte incluso, bajo el nombre de Idea, en un sujeto autónomo, en el demiurgo de lo real, lo real no es más que su manifestación externa. Para mí, a la inversa, lo ideal no es sino lo material traspuesto y traducido en la mente humana.” Ibídem.

8.- Lo terrible de la incomprensión del método de Marx es que se hacen exégesis de los resultados obtenidos por medio de su aplicación, pero no se lo utiliza para ir más allá. Este hecho fue denunciado por Henryk Grossmann en 1929: “El resultado al que arribé a través de mis estudios es doble; en primer lugar, por primera vez se reconstruye el método que sirve de fundamento a El capital de Marx; en segundo lugar, a partir de la base así lograda, se esclarecen dominios importantes del sistema teórico de Marx desde ángulos esencialmente nuevos. Una de las conquistas consiste en la comprensión de la teoría del derrumbe que aquí se expone y que conforma la columna vertebral en la que se apoya toda la concepción marxiana de la economía. Si bien la teoría del derrumbe se ha erigido, a partir de la primera década de este siglo, en el punto nodal de las violentas polémicas teóricas, hasta ahora nunca se había intentado reconstruirla incorporándola nuevamente a la teoría marxiana considerada en su conjunto. Está claro que resultaría una tarea ímproba si se redujera a engrosar el dogma marxista, contribuyendo así a confirmar la expresión de G. Briefs según la cual el marxismo se ha convertido en una cuestión de interpretación. En rigor, el estado aún insatisfactorio de la investigación sobre Marx y su teoría, debe ser atribuido a hecho de que hasta el presente no sólo no se alcanzó una comprensión clara del método de investigación utilizado por Marx sino que -por extraño que ello parezca- ni siquiera se ha reflexionado seriamente sobre el mismo. En realidad, todo consistía en aferrarse a los resultados logrados por dicha teoría: éstos se transformaron en el punto en el que se centró el interés y alrededor del cual giró tanto la crítica como la defensa del marxismo. Pero en el trayecto el método se perdió. Se olvidó de este modo la regla fundamental de toda investigación científica, que afirma que todo resultado -por interesante que sea- carece de valor si se desconoce el camino por medio del cual fue obtenido. Sólo así, escindido del curso de seguido para su elaboración, pudo transformarse -con los cambios propios de cada época- en objeto de los cambiantes esfuerzos interpretativos, La exposición del método de investigación de Marx queda para mi obra principal.” Henryk Grossmann. “La ley de la acumulación y del derrumbe del sistema capitalista”. Siglo veintiuno editores. México, 1979. Edición original en Alemán de 1929. 

9.- Llegamos aquí al corazón de nuestras tesis: el marxismo es una ideología más o menos revolucionaria según las épocas y los autores, que fue creada por intelectuales pequeño burgueses en base a deformar, mutilar y manipular la teoría revolucionaria comunista científica de Karl Marx y Friedrich Engels. Según esta hipótesis, los verdaderos fundadores del marxismo serían, fundamentalmente, Bernstein, Kautsky y Plekhanov.

No vamos a alargarnos en la crítica a las posiciones reformistas y revisionistas de Eduard Bernstein y Karl Kautsky, de todos conocidas. Simplemente recordar que los dos fueron albaceas literarios de Marx y Engels a la muerte de este último. Lo cual no es para nada una casualidad, por supuesto, y nos induce a ser bastante críticos con los últimos años de actividad teórica y práctica de un Engels privado de su columna vertebral, Marx. Para conocer mejor a estos dos intelectuales reformistas pequeño burgueses basta con leer dos obras fundamentales: “Reforma o Revolución” de Rosa Luxemburg, y “La Revolución Proletaria y el renegado Kautsky”de Lenin. No tenemos más que añadir por el momento, sino es subrayar que jamás fueron revolucionarios, y que Bernstein fue más honrado y consecuente que Kautsky, al mostrar su verdadero rostro tras la muerte de Engels, sin esperar a la prueba de fuego (la praxis) que constituyó la total bancarrota de la socialdemocracia europea ante la Primera Guerra Imperialista Mundial. Queden como testimonio de que ya entonces los verdaderos revolucionarios conocían el profundo carácter religioso, escolástico y talmúdico de inmensa mayoría de los marxistas estas palabras de Franz Mehring, comunista revolucionario alemán, espartakista, compañero de Clara Zetkin, Rosa Luxemburg y Karl Liebknetch, biógrafo de Karl Marx: “Este libro tiene su pequeña historia. Cuando se trató de editar la correspondencia mantenida entre Marx y Engels, Laura Lafargue, la hija de Marx, puso como condición para dar el permiso en lo que de ella dependía, que yo interviniera en la redacción como su representante; el poder otorgado en Draveil con fecha de noviembre de 1910 me autorizaba para introducir en la edición de las Cartas todas las notas, aclaraciones y supresiones que considerara necesarias.

En la práctica, no tuve necesidad de hacer uso de esta autorización. Entre los editores, o mejor dicho, el editor de las Cartas, Bernstein - ya que Bebel no hizo más que poner el nombre - y yo no surgieron discrepancias importantes de criterio, y entendí, interpretando el mandato de la hija de Marx, que no debía ni tenía que entrometerme en esa tarea sin una razón apremiante o poderosa que lo justificara; por mi parte, no sentía tampoco inclinación alguna a proceder en este sentido.

Las largas horas de trabajo que dediqué al examen de esta correspondencia vinieron a redondear la imagen que yo me había formado de Karl Marx a lo largo de diez años de estudios, e involuntariamente surgió en mí el deseo de darle a esta imagen un marco biográfico, sobre todo sabiendo que con ello habría de producirle una gran alegría a su hija. Si yo me había ganado su amistad y su confianza, no era precisamente porque me tuviera por el más culto ni el más inteligente de los discípulos de su padre, sino simplemente porque creía ver en mí al que más había ahondado en su personalidad humana y el que más certeramente sabía exponerla. Por carta y de palabra, me aseguró bastantes veces que el relato que yo hacía en mi “Historia del Partido” y, sobre todo, en mi edición de los “Escritos Varios de Marx, Engels y Lassalle”, refrescaba y hacía revivir en ella no pocos recuerdos de familia ya borrosos, y hacía que recobrasen materialidad no pocos de los nombres oídos frecuentemente en labios de sus padres.

Desgraciadamente, esta magnífica mujer murió mucho antes de que pudiera ver la luz la correspondencia de su padre con Engels. Pocas horas antes de ir voluntariamente a la muerte, me envió un cálido saludo de despedida. Había heredado las cualidades de su padre y yo tengo que mostrarle desde aquí, ya en su tumba, mi gratitud por haberme confiado para su edición tantos tesoros de la herencia paterna, sin que jamás hiciera el más leve intento por influir en mi juicio crítico ante esa tarea. Y así, sabiendo como sabía por mi “Historia del Partido”, cuántas veces y con qué energía había defendido yo el derecho de Lassalle contra Marx, no tuvo inconveniente en encomendarme las cartas de aquel a su padre, para su publicación.

¡Ya quisieran poseer siquiera un granito de la nobleza de esta gran mujer esos dos celosos guardianes del marxismo que, apenas puse manos en la ejecución de mi propósito biográfico, empezaron a soplar a todos los vientos el cuerpo de su indignación moral porque me había permitido exteriorizar en la revista Neue Zeit algunas observaciones acerca de las relaciones de Lassalle y Bakunin con Marx, sin doblegarme, como era de rigor, a la leyenda oficial del Partido! Karl Kautsky abrió el fuego acusándome de “antimarxismo” en general y en particular de un pretendido “abuso de confianza” contra la hija de Marx. Y como yo, sin hacer caso de eso, me obstinara con el propósito de escribir la biografía, sacrificó nada menos que sesenta páginas del espacio, que como se sabe es muy precioso, de la “Neue Zeit”, para dar cabida a un panfleto en el que David Riazanov - bajo una avalancha de acusaciones, cuya falta de escrúpulos sólo es equiparable a su necedad - pretendía construir sobre mí la imagen del más vil de los traidores a Marx. He dejado que esta gente dijera la última palabra, movido por un sentimiento que la cortesía me impide calificar, pero me debo a mí mismo la declaración de que su terrorismo doctrinal no me ha intimidado en lo más mínimo, razón por la cual seguiré exponiendo en esta obra las relaciones de Marx con Lassalle y Bakunin sin atenerme para nada a la leyenda del Partido, obediente tan solo a los postulados de la verdad histórica. También aquí he querido, naturalmente, huir de toda polémica, si bien en las notas que figuran al final de esta obra examino algunas de las acusaciones más importantes que me hacen Kautsky y Riazanov, para mayor honra y provecho de quienes nos siguen como investigadores en este terreno, pues siempre me parecerá poco cuanto se haga por inyectar a los estudiosos del mañana, y cuanto antes, un sentimiento de soberano desprecio contra los ataques epilépticos de los sacerdotes marxistas.

Si Marx hubiera sido real y verdaderamente ese muchachito modelo tan aburrido que veneran en él los sacerdotes del marxismo, yo no me habría sentido jamás tentado a escribir su biografía. Mi admiración y mi crítica - y en ninguna buena biografía puede faltar ninguna de estas dos cosas, en dosis iguales - no pierden de vista jamás al hombre genial a quien nada le gustaba decir tanto ni con más frecuencia de sí que aquello de que nada humano le era ajeno. Hacerle vivir de nuevo, en toda su grandeza poderosa y áspera: tal es la misión que yo me he propuesto.” Franz Mehring. “Marx. Historia de su vida.” Editorial Marat, Buenos Aires, 2013. Primera edición en Alemán en 1918.

Utilizo esta larga cita para revivir una verdad histórica ocultada largamente.

Pasemos ahora a la Tercera Persona de la Santísima Trinidad Marxista, Georgi Plekhanov, el padre fundador del marxismo ruso. En un libro que ha marcado un hito en el conocimiento de la teoría revolucionaria comunista científica, “El Marx tardío y la vía rusa” editado y presentado por Teodor Shanin (Editorial Revolución, Madrid, 1990. Primera edición en Inglés, 1983) queda meridianamente demostrado, con todo lujo de detalles y la documentación más exhaustiva, que tanto Plekhanov, como Pavel Axelrod y Vera Zasulich ocultaron y censuraron la carta de Karl Marx a esta última del 8 de marzo de 1881, donde desautorizaba a los marxistas rusos y mostraba su simpatía por el grupo revolucionario armado “Narodnaya Volya”, “La voluntad/libertad del Pueblo”. 

Para no alargar innecesariamente este escrito, nos limitaremos a citar a Teodor Shanin brevemente: “Respecto del punto de vista crítico de Marx acerca de la “aburridas doctrinas” del grupo Reparto Negro, véase su carta a Sorge del 5 de octubre de 1880, Obras Completas, vol. 34, página 380. La forma en que Marx (y en los años 1880 también Engels) explicaba su posición respecto de La Voluntad del Pueblo a sus otros contactos es muy interesante. La misma carta de Marx, en la que habla con admiración de las cualidades humanas de los miembros de La Voluntad del Pueblo (11 abril de 1888 (?????), describe a Kautsky como “mediocre, no muy capaz, autosuficiente y del tipo “sabelotodo”... seguramente muy trabajador, pasa mucho tiempo con las estadísticas sin ir muy lejos con ello, y pertenece naturalmente a la tribu de los “filisteos”, mientras que, por otra parte es, sin duda, un hombre honrado”. El 23 de abril de 1885, Engels contestó a la petición de Vera Zasulich de que expresara su opinión sobre el libro de Plekhanov en que declaraba su credo marxista contra los populistas rusos, negándose a expresar un juicio: “Mis amigos de La Voluntad del Pueblo no me hablan de esas cosas”, y luego procedió a defender la creencia de La Voluntad del Pueblo en las posibilidades de una inmediata revolución en Rusia.” (Ibídem, página 40.)

En la propia Conferencia Internacional ampliaré verbalmente más este debate crucial para la reconstrucción de la praxis comunista revolucionaria. Termino con Teodor Shanin explicando mi hipótesis de trabajo: “Ya en la propia generación de Marx había marxistas que sabían mejor que Marx lo que era el marxismo y estaban preparados para censurarlo, a hurtadillas, por su propio bien.” Ibídem. Página 36.

10.- Sin romper en absoluto con el paradigma del marxismo, pero en una lucha titánica por estudiar y comprender la obra de Marx, asimilando su método e intentando aplicarlo para ir más allá en la teoría y en la práctica, tenemos que destacar a dos militantes excepcionales: Lenin y Rosa Luxemburg. Ambos lucharon con todas sus fuerzas contra el reformismo y el oportunismo que destruyó totalmente la II Internacional, por recuperar la praxis comunista revolucionaria a todos los niveles, en el camino de la Comuna de París y de la Revolución Socialista. De Rosa Luxemburg debemos destacar su voluntad y su audacia revolucionaria sincera, a pesar de que hoy en día sabemos que no comprendió bien DAS KAPITAL, teniendo que inventar en su libro “La acumulación del Capital” una teoría sui generis para justificar la tendencia al derrumbe del Capitalismo, cosa que Marx había hecho ya científicamente basándose exclusivamente en el desarrollo de la ley del valor. Queda el testimonio del humanismo revolucionario de una militante comunista extraordinaria y sus aportes en otros ámbitos de la teoría que aquí no podemos profundizar, pero que debería ser la tarea colectiva de esta Conferencia Internacional en los próximos años.

Lenin es un genio revolucionario de la misma envergadura que Marx, de eso no tenemos ni la más mínima duda. Atrapado en la prisión epistemológica que supone el paradigma del marxismo, careciendo de textos y documentos claves para una comprensión total del pensamiento de Marx, sin embargo logró acercarse como nadie al método dialéctico materialista de la teoría revolucionaria comunista científica, desarrollándola en muchos aspectos y dirigiendo la primera Revolución Socialista victoriosa, la Revolución Soviética de Octubre de 1917.

Para nosotros, se trata de aplicar el método dialéctico materialista a la praxis de Lenin, que sufrió el mismo proceso de ideologización que la teoría y práctica de Marx. En la siguiente tesis hablaremos de los cuatro leninismos en lucha por la dirección del Partido Comunista Bolchevique, las versiones de Stalin, Zinoviev-Kamenev, Bujarin y Trostky. Veremos que el mismo proceso de canonización, ideologización y manipulación del pensamiento de Marx sucedió a su vez con el de Lenin. Y tuvo las mismas funestas consecuencias.

11.- Sobre los diferentes leninismos en lucha en los años 1922-1937 se ha escrito mucho. Es el Gran Debate. Mi opinión es clara: ninguno de los cuatro leninismos que se forjaron en aquellos años recoge en su integridad el pensamiento de Lenin, pero el leninismo que más se acerca a sus tesis, con todas las limitaciones que las críticas durísimas del propio Vladimir Ilich demuestran documentalmente, es el de Stalin. Lo que nos indica que otra vía de construcción del Socialismo en la URSS pudo haber existido si Lenin hubiese vivido para evitar, con una síntesis teórica audaz y revolucionaria, la escisión y guerra civil en el seno del Partido Comunista Bolchevique de la URSS. Lamentablemente esto no sucedió, y sólo podemos intentar, en la medida de nuestras posibilidades, elaborar esa crítica comunista revolucionaria de la era de Stalin basándonos en las indicaciones fragmentarias dejadas por Lenin y en las enseñanzas de la historia de aquellos años heroicos y terribles. 

Ante todo, una línea roja infranqueable. La crítica comunista revolucionaria a Stalin y a la construcción de Socialismo en la URSS entre los años 1923-1953 pasa obligatoriamente por la defensa acérrima de Stalin y del Partido Comunista Bolchevique de la URSS frente al Imperialismo, la burguesía, la reacción, el nazifascismo y todos los oportunistas, revisionistas, derrotistas y traidores de la quinta columna socialdemócrata en el seno de Movimiento Comunista Internacional. 35 años de militancia revolucionaria me han convencido plenamente de que la llamada “cuestión de Stalin” y del denominado “stalinismo” es la piedra de toque que marca la frontera entre las posiciones pequeño-burguesas de izquierda, los diferentes reformismos, oportunismos y revisionismos, y la posición de clase proletaria, comunista revolucionaria, firmemente antiimperialista y anticapitalista. Evidentemente, esto no quiere decir que la dirección de la primera Revolución Socialista triunfante, y del primer proceso de construcción del Socialismo estén exentos de errores. Los hay, y creo que muchos, como apuntó Lenin, y es tarea prioritaria de las comunistas revolucionarias del siglo XXI elaborar una crítica razonada y exhaustiva de los errores de Stalin y el resto de la dirección del Partido Comunista Bolchevique de la URSS. Pero no de cualquier manera, ni alimentando la contrarrevolución capitalista.

Cito extensamente al comunista revolucionario belga Ludo Martens, que tuvo el valor y la audacia de escribir un libro fundamental sobre este tema: “Otra mirada sobre Stalin” Kimetz liburuak, 2008. Versión original en Francés de 2003.

“Todas las organizaciones comunistas y revolucionarias del mundo se verán obligadas - un día u otro - a reexaminar las opiniones y prejuicios que se formularon desde 1956 sobre la obra del camarada Stalin. (...) Redescubrir la verdad revolucionaria del periodo de los pioneros del movimiento comunista soviético e internacional es una tarea colectiva que incumbe a todos los comunistas del mundo. (...) La clase cuyo interés fundamental consiste en mantener el sistema de explotación y opresión, nos impone cotidianamente “su” visión sobre Stalin. Adoptar otra visión sobre Stalin es estudiar la personalidad histórica de Stalin a través de los ojos de la clase opuesta, la de los explotados y oprimidos.” p. 10.

 “Durante 35 años, los revisionistas han luchado por demoler a Stalin. Una vez Stalin demolido, Lenin ha sido liquidado en un abrir y cerrar de ojos.” 15.

“Las campañas anti stalinistas llevadas a cabo por las “democracias” occidentales entre 1989-91 han sido a menudo mucho más virulentas y calumniosas que las llevadas a cabo en el curso de los años 30 por los nazis, debido a que en nuestros días, ya no existen las grandes realizaciones comunistas de los años treinta para hacer de contrapeso a las calumnias, como tampoco existen las fuerzas políticas significativas capaces de tomarla defensa de la experiencia soviética bajo Stalin.”16.

“Las guerras que el imperialismo ha llevado a cabo con el mayor encarnizamiento y con los medios más colosales son las guerras anticomunistas. Guerras militares, guerras clandestinas, guerras políticas y guerras psicológicas. ¿No es la evidencia misma que la campaña contra Stalin se ha convertido en el centro de todos los combates ideológicos llevados a cabo contra el Socialismo y el Comunismo?” 16.

“Sobre los cinco continentes, todas las fuerzas de derechas y de la ultraderecha se han encarnizado tanto contra Stalin, utilizando los medios más colosales y con tal frenesí, que ningún auténtico revolucionario ha podido escapar de realizar una nueva evaluación sobre la obra de Stalin. Pues cada vez está más claro que la derecha se ha enconado contra Stalin para poder formular de inmediato sus conclusiones sobre la derrota histórica del comunismo y la quiebra ideológica y política del marxismo-leninismo. En efecto, cuando la burguesía proclama el fracaso definitivo del comunismo, está utilizando la lamentable derrota del revisionismo para reafirmar su odio hacia la obra grandiosa realizada en el pasado por Lenin y Stalin. Haciéndolo, piensa más en el porvenir que en el pasado. La burguesía quiere hacer creer que el marxismo-leninismo está definitivamente enterrado, porque se da perfectamente cuenta de la actualidad y de la vitalidad del análisis comunista. La burguesía dispone de una plétora de cuadros capaces de hacer evaluaciones “científicas” y “del desarrollo del mundo”. Así como de prever mayores crisis, trastornos de una amplitud planetaria y guerras de todo género. Después del restablecimiento del Capitalismo en la Europa del este y en la Unión Soviética, todas las contradicciones del sistema imperialistas mundial se encuentran exacerbadas. De cara al abismo del paro, de la miseria, de la explotación y de las guerras que se abren ante las masas trabajadoras del mundo entero, sólo el marxismo-leninismo es capaz de mostrar la única vía de salida. Sólo el marxismo-leninismo puede aportar a las masas trabajadoras del mundo capitalista y a los Pueblos oprimidos del Tercer Mundo las armas para su liberación. Todo el alboroto sobre el fin del comunismo lo que intenta es desarmar con la visión puesta en las grandes luchas futuras a las masas oprimidas del mundo entero. La defensa de la obra de Stalin, que es por esencia la defensa del marxismo-leninismo, es una tarea actual y presente para hacer frente a la realidad de la lucha de clases bajo el Nuevo Orden Mundial.” 17.

“Existe una estrecha interrelación entre la restauración del Capitalismo - a la que hemos asistido - y la virulenta campaña contra Stalin que le precedió. (...) Es evidente que en el curso de los últimos años, todos los fanáticos del Capitalismo y del Imperialismo, para acabar con lo que quedaba de Socialismo en la URSS, ha tomado a Stalin como diana. La desastrosa desviación iniciada por Khruschev muestra, por oposición, la pertinencia de la mayor parte de las ideas enunciadas por Stalin. Stalin afirmaba que la lucha de clases continuaba bajo el Socialismo, que las antiguas fuerzas feudales y burguesas no abandonaban el combate por la restauración y que los oportunistas en el seno del Partido, los trostskistas, los bujarinistas y los nacionalistas burgueses ayudaban a las clases y capas antisociales a reagrupar sus fuerzas. Khruschev declaró que estas tesis eran aberrantes y conducían a la arbitrariedad. Pero en 1992, la figura maciza del zar Boris (Jeltsin) se levanta como un monumento testimoniando la justeza del análisis de Stalin. Los adversarios de la dictadura del proletariado no han cesado de afirmar que Stalin encarnaba, no la dictadura de los trabajadores, sino su propia dictadura autocrática. La palabra Gulag devino sinónimo de “dictadura staliniana”. Ahora bien, los que estaban en los Gulag del tiempo de Stalin forman parte hoy de la nueva burguesía en el poder. Demoler Stalin era hacer renacer la democracia socialista. Pero una vez Stalin enterrado, Hitler ha salido de su tumba. Y se rehabilitan en Rusia, Ucrania, Rumania y en Eslovaquia a todos los “héroes negros”, los Vlassov, los Bandera, los Antonescu, los Tiso y otros colaboradores de los nazis. La caída del muro de Berlín marca la subida del neo-nazismo en Alemania. Hoy, confrontado el desarrollo del Capitalismo y del Fascismo en el Este, comprendemos mejor por qué Stalin defendía tan valerosamente el Poder Obrero. (...) En nuestros días, en el Tercer Mundo todas las fuerzas que se opinen, de una forma u otra, a la barbarie imperialista, son acosadas y masacradas en nombre de la lucha contra el “stalinismo”. p. 18-19.

“La obra de Stalin es de una vital y abrasadora actualidad para todos los Pueblos que han iniciado el combate revolucionario para acabar con la bestial dominacn del Imperialismo. Stalin representa, así como Lenin, la firmeza en la lucha de clases más encarnizada, más implacable. Stalin ha mostrado que en las situaciones más difíciles, sólo una actitud firme e inflexible hacia el enemigo de clase permite resolver los problemas fundamentales de las masas trabajadoras. La actitud conciliadora, oportunista, derrotista y capituladora conduce necesariamente a la catástrofe y a la revancha sanguinaria de las fuerzas reaccionarias. (...) En todas situaciones extremas, el ejemplo de Stalin muestra cómo movilizar a las masas para el combate despiadado y victorioso contra unos enemigos dispuestos a todo.” p. 20. 

“Si Lenin dirigió la Revolución de Octubre y trazó las grandes orientaciones para la construcción del Socialismo, es Stalin quien ha realizado la edificación socialista durante un periodo de treinta años. Todo el odio de la burguesía se ha concentrado sobre el trabajo titánico cumplido bajo la dirección de Stalin. Un comunista que no adopte posiciones de clase bien firmes vis-a-vis a la información orientada, unilateral, trucada o falseada que difunde constantemente la burguesía, se perderá irremediablemente. Por ningún otro tema de la historia reciente, la burguesía tiene tan gran interés en ennegrecer y denigrar a sus adversarios como en el caso de Stalin. Todo comunista debe adoptar una actitud de desconfianza sistemática hacia toda “información” que le dé la burguesía (y los khruschevianos) sobre el periodo de Stalin. Y, por el contrario, debe ponerse a estudiar las teorías básicas para descubrir las escasas fuentes de información alternativas, de aquellos que objetivamente estudien la obra revolucionaria de Stalin. Los oportunistas en los diferentes partidos no se atreven a hacer frente a la ofensiva ideológica anti-Stalin ya que el objetivo es evidente. Y plegándose ante la presión, dicen “sí a la crítica a Stalin” pero pretendiendo criticarlo desde la “izquierda”. Hoy, podemos hacer el balance de 70 años de “críticas izquierdistas” formuladas contra la experiencia revolucionaria del Partido Bolchevique en tiempos de Stalin. Disponemos de centenares de obras escritas por socialdemócratas, trostskistas, bujarinistas e intelectuales de izquierdas “independientes”. Sus puntos de vista han sido tomados y desarrollados por los khruschevianos y los titistas. Podemos comprender mejor hoy el verdadero sentido de clase de todas estas obras. ¿Acaso todas estas críticas han creado prácticas revolucionarias más consecuentes que aquellas que planteaba Stalin en su obra? Las teorías son juzgadas, a fin de cuentas, por la práctica que son capaces de suscitar. La práctica revolucionaria del movimiento comunista mundial bajo Stalin trastocó el mundo entero, imprimiendo una nueva orientación a la Historia de la Humanidad.” p. 24-25.

“De todos los episodios del periodo 1923-1953, hay que esforzarse por conocer en toda su integridad la línea y la potica defendidas por el Partido Bolchevique y por Stalin. No podemos suscribir ninguna crítica de la obra de Stalin sin haber verificado los datos sobre la cuestión que se debatía y sin conocer a fondo la versión dada por la dirección bolchevique.” 26. No es la función de este trabajo establecer de forma científica y exhaustiva las críticas fraternales de las comunistas revolucionarias de principios del siglo XXI a Stalin y el Partido Comunista Bolchevique de la URSS. En la siguiente tesis apuntamos algunas pistas de investigación a desarrollar.

12.- La defensa de acero de la obra revolucionaria de Stalin y del resto de la dirección del Partido Comunista Bolchevique de la URSS no nos ciega en absoluto ante la tarea titánica de extraer las enseñanzas del proceso de construcción del Socialismo en la URSS de 1921 a 1953. Sabemos que la elaboración teórica y estratégica de Lenin no cayó del cielo toda hecha y perfecta, sino que fue un largo y complejo proceso de praxis revolucionaria, con sus avances y retrocesos, sus callejones sin salida y sus descubrimientos extraordinarios. Si somos críticos con la obra de Lenin, al ser conscientes de que el gran comunista revolucionario ruso fue despojándose progresivamente de toda la enorme carga de ideología pequeña burguesa que el marxismo dominante de la II Internacional, y muy especialmente el de Kautsky y Plekhanov había introducido en la lectura de la teoría revolucionaria comunista científica de Karl Marx y Friedrich Engels, más aún lo somos con la obra teórica y práctica de Stalin. No podemos abordar aquí en profundidad esta crítica, que tendrá que ser colectiva y científica, pero podemos señalar el libro clave del comunista revolucionario portugués, Francisco Martins Rodrigues, “Anti-Dimitrov”, como un jalón fundamental de la misma. El giro centrista y oportunista realizado por el VII Congreso de la III Internacional en 1935 bajo el benéplacito de Stalin nos indica que una incipiente burguesía de Estado estaba tomando cuerpo al calor del enorme peso que los aparatos del Estado Soviético estaban teniendo. Burguesía de Estado que avanzó posiciones durante la Gran Guerra Patria de 1941-1945, y que dio un golpe de estado a la muerte de Stalin, en el caso de que éste no hubiera sido asesinado por esta banda de  contrarrevolucionarios. Que este proceso no hubiese desencadenado una verdadera guerra civil en la URSS entre las fuerzas sinceramente comunistas revolucionarias, el proletariado de las diferentes naciones soviéticas y los revisionistas agrupados en torno al tenebroso, miserable y mediocre Khruschev indica claramente que el proceso de avance de la burguesía de estado soviética fue mucho más profundo y global de lo que los partidarios incondicionales de Stalin quieren admitir. El final lo conocemos todos: la liquidación terrorista de la URSS y de los restos del Socialismo bajo la dirección del Secretario General del PCUS, el infame y traidor Gorbachov, representante de esta burguesía de Estado.

13.- A partir de febrero de 1956, cuando Khruschev pronunció, en el XX Congreso del PCUS su informe secreto contra Stalin, el Partido Comunista Chino comenzó a marcar discretamente sus distancias con la nueva dirección de la URSS. Es el mérito de Mao Tse Tung y del resto del Partido Comunista Chino y de Enver Hoxha y el Partido del Trabajo de Albania el haberse opuesto al giro claramente revisionista y liquidacionista del PCUS, que terminó donde todas sabemos, con la restauración contrarrevolucionaria del Capitalismo y la disolución de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. 

Durante años se desarrolló una amarga polémica entre los dos sectores del Movimiento Comunista Internacional, que terminó con escisiones en la mayoría de los partidos comunistas del planeta. La línea chino-albanesa a su vez se escindió cuando el Partido Comunista Chino comenzó a girar hacia la derecha y la coexistencia pacífica con el Imperialismo, tras la derrota de la Revolución Cultural Proletaria. Hacer un balance global de este periodo excede totalmente mis capacidades, pero quiero aportar una serie de reflexiones. La oposición chino-albanesa se mantuvo todo el tiempo en el seno de la ortodoxia marxista-leninista, sin cuestionar para nada no ya el propio concepto de marxismo, sino ni siquiera el VII Congreso de la III Internacional y todas sus consecuencias. En este sentido, estaba condenada a repetir los mismos errores en la construcción del Socialismo que se cometieron en la URSS, en la medida en que el fortalecimiento del Estado Socialista, sin una teoría revolucionaria comunista científica que arme al Partido Comunista y a todo el Proletariado con una estrategia de transición al Modo de Producción Comunista que impida el ascenso y toma del poder de la burguesía de Estado, termina por crear las condiciones materiales económicas, políticas, militares e ideológicas para paralizar la transición socialista al Comunismo, y más tarde, volver al Capitalismo. Esta ley que se ha cumplido con regularidad en todos los procesos de transición socialista al Modo de Prodcción Comunista nos indica la necesidad imperiosa de realizar un salto de calidad en el seno de la teoría revolucionaria comunista científica, basándonos en las ideas de Marx, Engels y Lenin sobre el Estado Socialista, el Estado Proletario, el Estado Comuna, que no es un estado en el sentido clásico del término.

14.- En medio de la controversia chino-soviética, de la terrible guerra de Vietnam que se extendió a toda Indochina y de la lucha heroica de la Revolución Cubana a menos de cien kilómetros del monstruo imperialista, un militante comunista revolucionario de vanguardia, teórico extraordinario y guerrillero excepcional parte a la búsqueda de una nueva síntesis teórica que encuentre la salida en el laberinto donde el marxismo se estaba sumergiendo, hundiendo y desorientando, y al mismo tiempo lleva la práctica comunista revolucionaria hasta sus más altas cimas. Se trata del CHE, Ernesto Guevara. En nuestra opinión, la tercera figura clave en la larga marcha de la Revolución Comunista.

 Traemos aquí íntegramente su texto más importante, el prefacio a su libro nunca terminado, “Apuntes críticos a la Economía Política”, escrito en los años 1965-1966, antes de su asesinato por el Imperialismo en 1967. En la propia Conferencia Internacional haremos el comentario y sacaremos las conclusiones de este texto clave para la reconstrucción de la praxis comunista revolucionaria y la fundación de la Nueva Internacional Proletaria, la V Internacional.

“Desde la aparición de El Capital, los revolucionarios del mundo tuvieron un monumento teórico que esclarecía los mecanismos del sistema capitalista y la lógica interna de su irremediable desaparición. Durante muchos decenios fue la enciclopedia donde se bebía el material teórico indispensable para las nuevas generaciones de luchadores. Aún hoy, el manantial no se ha agotado y maravilla la claridad y profundidad de juicio de los fundadores del materialismo dialéctico. Sin conocer El Capital no se es economista (nota de Mikel Erro: creo que debería decir comunista) en el pleno y hondo sentido de la palabra.

No obstante, la vida siguió su curso y algunas de las afirmaciones de Marx y Engels no fueron sancionadas por la práctica, sobre todo, el lapso previsto para la gran transformación de la sociedad resultaba corto. La visión de los genios científicos se nublaba ante la perentoria ilusión de los revolucionarios exaltados. Con todo, las conmociones sociales aumentaban en profundidad y extensión y los conflictos provocados por el reparto del mundo entre las naciones imperialistas dieron origen a la Primera Guerra Mundial y a la Revolución de Octubre.

A Lenin, jefe de esta revolución, le corresponde también el mérito teórico de haber dilucidado el carácter que tomaba el capitalismo bajo su nueva forma imperialista y enunciado el ritmo desigual que asume el desarrollo de la sociedad (como en toda la naturaleza, por otra parte), previendo la posibilidad de romper la cadena imperialista en su eslabón más débil y convirtiéndola en hechos.

La enorme cantidad de escritos que dejara a su muerte constituyeron el complemento indispensable a la obra de los fundadores. Luego, el manantial de debilitó y sólo quedaron en pie algunas obras aisladas de Stalin y ciertos escritos de Mao Tse Tung como testigos del inmenso poder creador del marxismo.

En sus últimos años, Stalin temió los resultados de esa carencia teórica y ordenó la redacción de un manual que fuera asequible a las masas y tratara todos los temas de la economía política hasta nuestros días.

Ese manual ha sido traducido a las principales lenguas del mundo y se han hecho de él varias ediciones, sufriendo cambios pronunciados en su estructura y orientación, a medida que se producían cambios en la URSS.

Al comenzar un estudio crítico del mismo, encontramos tal cantidad de conceptos reñidos con nuestra manera de pensar que decidimos iniciar esta empresa - el libro que expresara nuestros puntos de vista - con el mayor rigor científico posible y con la máxima honestidad.  Cualidad imprescindible esta última porque el estudio sereno de la teoría marxista y de los hechos recientes nos colocan en la posición de críticos de la URSS, posición que se ha convertido en un oficio de muchos oportunistas que lanzan dardos desde la extrema izquierda para beneficio de la reacción.

Nos hemos hecho el firme propósito de no ocultar una sola opinión por motivos tácticos, pero, al mismo tiempo, sacar conclusiones que por su rigor lógico y altura de miras ayuden a resolver problemas y no contribuyan sólo a plantear interrogantes sin solución.

Creemos importante la tarea porque la investigación marxista en el campo de la economía está marchando por peligrosos derroteros. Al dogmatismo intransigente de la época de Stalin ha sucedido un pragmatismo inconsistente. Y lo que es trágico, esto no se refiere sólo a un campo determinado de la ciencia; sucede en todos los aspectos de la vida de los pueblos socialistas, creando perturbaciones ya enormemente dañinas pero cuyos resultados finales son incalculables.

En el curso de nuestra práctica y de nuestra investigación teórica llegamos a descubrir un gran culpable con nombre y apellido: Vladimir Ilich Lenin. 

Tal es la magnitud de nuestra osadía. Pero quien tenga la paciencia de llegar hasta los últimos capítulos de esta obra, podrá apreciar el respeto y la admiración que sentimos hacia ese “culpable” y hacia los móviles revolucionarios de los actos cuyos resultados últimos asombrarían hoy a su realizador.

Se sabe desde viejo que es el ser social el que determina la conciencia y se conoce el papel de la superestructura; ahora asistimos a un fenómeno interesante, que no pretendemos haber descubierto, pero sobre cuya importancia tratamos de profundizar: la interrelación de la estructura y de la superestructura. Nuestra tesis es que los cambios producidos a raíz de la Nueva Política Económica (NEP) han calado tan hondo en la vida de la URSS que han marcado con su signo toda esta etapa. Y sus resultados son desalentadores: la superestructura capitalista fue influenciando cada vez en forma más marcada las relaciones de producción y los conflictos provocados por la hibridación que significó la NEP se están resolviendo hoy a favor de la superestructura; se está regresando al capitalismo.

Pero no queremos anticipar en estas notas prologales sino la medida de nuestra herejía; tomémonos el tiempo y el espacio necesario para tratar de argumentarla en extenso. 

Otra característica tiene esta obra: es un grito dado desde el subdesarrollo. Hasta el momento actual, las revoluciones de tendencia socialista se habían producido en países sumamente atrasados (asolados por la guerra, además) o en países de relativo desarrollo industrial (Checoslovaquia, parte oriental de Alemania) o en países continentes. Y toso formando una unidad geográfica. 

Hasta ahora, no había intentado la aventura socialista ningún pequeño país aislado, sin posibilidad de grandes mercados ni de un rápido aprovechamiento de la división internacional del trabajo, pero, al mismo tiempo, con un estándar de vida relativamente elevado. Los errores, las embestidas ciegas, también tendrán lugar, como historia útil, en estas páginas; pero lo más importante son nuestras razones, razones que identificamos con las de los países de escaso desarrollo, en su conjunto, motivo por el cual pretendemos darle valor de cierta universalidad a nuestros planteamientos.

Muchos sentirán sincera extrañeza ante este cúmulo de razones nuevas y diferentes, otros se sentirán heridos y habrá quienes vean en todo el libro sólo una rabiosa posición anticomunista disfrazada de argumentación teórica. Pero muchos (lo esperamos sinceramente) sentirán el hálito de nuevas ideas y verán expresadas sus razones, hasta ahora inconexas, inorgánicas, en un todo más o menos vertebrado.

A ese grupo de hombres va dirigido fundamentalmente el libro y también a la multitud de estudiantes cubanos que tienen que pasar por el doloroso proceso de aprender “verdades eternas” en las publicaciones que vienen, sobre todo, de la URSS y observar cómo nuestra actitud y los repetidos planteamientos de nuestros dirigentes se dan de patadas con los que leen en los textos.

A los que nos miren con desconfianza basados en la estimación y lealtad que experimentan respecto a los países socialistas, les hacemos una solo advertencia: la afirmación de Marx, asentada en las primeras páginas de El Capital, sobre la incapacidad de la ciencia burguesa para criticarse a sí misma, utilizando en su lugar la apologética, puede aplicarse hoy, desgraciadamente, a la ciencia económica marxista. Este libro constituye un intento de retomar la buena senda e, independientemente de su valor científico, nos cabe el orgullo de haberlo intentando desde este pequeño país en desarrollo.

Muchos sobresaltos esperan a la humanidad antes de su liberación definitiva pero - nos guía el absoluto convencimiento de ello - ésta no podrá llegar sino a través de un radical cambio de estrategia de las principales potencias socialistas. Si este cambio será producto de la insoslayable presión imperialista o, de una evolución de las masas de esos países, o de una concatenación de factores, es algo que dirá la historia; nosotros aportamos nuestro modesto granito de arena con el temor de que la empresa sea muy superior a nuestras fuerzas. En todo caso, queda el testimonio de nuestra intentona.

“Nuestra fuerza de corazón ha de probarse aceptando el reto de la Esfinge y no esquivando su interrogación formidable.” Ernesto CHE Guevara. “Apuntes críticos a la Economía Política”. Prólogo: La necesidad de este libro. Editorial de Ciencias Sociales. La Habana. 2012. Primera edición, 2005.

Lo único que queremos añadir como comentario a este texto es que está escrito con tinta roja, la de los combatientes comunistas revolucionarios internacionalistas armados en el Congo y Bolivia, y muy especialmente la del propio CHE. Todas estas tesis no son más que un intento de retomar las armas teóricas allí donde el asesinato de nuestro querido y admirado camarada obligó a abandonarlas, aceptando el reto de la Esfinge y respondiendo en las siguientes cuatro tesis a su interrogación formidable: cómo reconstruir en la primera mitad del siglo XXI la praxis comunista revolucionaria y fundar la Nueva Internacional Proletaria. La V Internacional.

 

15.-Ha llegado el momento de exponer de modo telegráfico, a la espera de una exposición verbal más detallada en la propia Conferencia Internacional las líneas maestras de nuestra propuesta de reconstrucción de la praxis comunista revolucionaria. La primera idea central es que el Socialismo no es un modo de producción específico, al mismo nivel que el Despotismo, el Esclavismo, el Feudalismo o el Capitalismo. 

El Socialismo es en realidad un proceso de transición al Modo de Producción Comunista. 

En este sentido, al ser un proceso, reúne en su seno elementos de los dos modos de producción antagónicos. El debate sobre el carácter socialista de los diferentes estados post revolucionarios es un debate bizantino y escolástico, en la medida en que lo determinante es el análisis concreto de la situación concreta, para determinar de forma científica hacia dónde se dirige una formación económico social determinada, si hacia el Comunismo o hacia el Capitalismo. Este punto de vista esclarece y facilita el balance de las Revoluciones Socialistas del siglo XX y nos evita muchas discusiones interminables y estériles.

Recordamos aquí las palabras clarividentes de Karl Marx: 

Los comienzos son siempre difíciles, y esto rige para todas las ciencias. La comprensión del primer capítulo, y en especial de la parte dedicada al análisis de la mercancía, presentará, por tanto, la dificultad mayor. He dado el carácter más popular a lo que se refiere más concretamente al análisis de la substancia y magnitud del valor. La forma de valor, cuya figura acabada es la forma de dinero, es sumamente simple y desprovista de contenido. No obstante, hace más de dos mil años que la inteligencia humana procura en vano desentrañar su secreto, mientras que ha logrado hacerlo, cuando menos aproximadamente, en el caso de formas mucho más complejas y llenas de contenido. ¿Por qué? Porque es más fácil estudiar el organismo desarrollado que las células que lo componen. Cuando analizamos las formas económicas, por otra parte, no podemos servirnos del microscopio ni de reactivos químicos. La facultad de abstraer debe hacer las veces del uno y de los otros.

Para la sociedad burguesa, la forma de mercancía adoptada por el producto del trabajo o la forma de valor de la mercancía, es la forma celular económica. Al profano le parece que analizarla no es más perderse en meras minucias y sutilezas. Se trata, en efecto, de minucias y sutilezas, pero de la misma manera que es a ellas a quien se consagra la anatomía micrológica.

Exceptuando el apartado referente a la forma de valor, a esta obra no se la podrá acusar de ser difícilmente comprensible. Confío, naturalmente, en que sus lectores serán personas deseosas de aprender algo nuevo y, por tanto, también de pensar por su propia cuenta.

El físico observa los procesos naturales allí donde se presentan en la forma más nítida y menos oscurecidos por influencias perturbadoras, o bien, cuando es posible, efectúa experimentos en condiciones que aseguren el transcurso incontaminado del proceso. Lo que he de investigar en esta obra es el modo de producción capitalista y las relaciones de producción intercambio a él correspondientes. La sede clásica de ese modo de producción es, hasta hoy, Inglaterra. Es este el motivo por el cual al desarrollar mi teoría me sirvo de ese país como principal fuente de ejemplos.” Karl Marx. Das Kapital. El Capital. Crítica de la Economía Política. Prólogo a la primera edición de 1867. Páginas 43-44. Siglo XX. Madrid. 2017.

Podríamos añadir aquí citas extensas de la “Crítica del Programa de Gotha”, pero lo haremos en la propia Conferencia Internacional. Lo que quisiéramos subrayar aquí es que Marx no utiliza un símil mecánico para explicar el funcionamiento del Modo de Producción Capitalista, sino una metáfora biológica. El Capitalismo no es una máquina, sino un ser vivo, cuyas células son las mercancías. Esto tiene unas enormes implicaciones teóricas y prácticas para las comunistas revolucionarias del siglo XXI.

El Capitalismo es un ser vivo, sí, pero de carácter claramente canceroso. Su funcionamiento reproduce de forma fractal el desarrollo tumoral de esta enfermedad. Lo que indica que una Revolución Comunista es un proceso curativo del organismo vivo de la Humanidad, por medio del cual los tumores y metástasis que el Capitalismo ha producido en el cuerpo social son eliminados y/o reabsorbidos por las células sanas de la sociedad de clases, guiadas por el Partido Comunista Revolucionario. Se trata del Proletariado, evidentemente, y del resto de capas sociales del Pueblo Trabajador. 

Si esta organización de vanguardia no está armada y pertrechada de una teoría de vanguardia que le haga identificar las células sociales cancerosas capaces de reproducir el Capitalismo desde cero si se les deja, el proceso de curación socialista se estancará, y comenzará a retroceder hacia el Capitalismo. 

Fue el conocimiento profundo y el dominio creativo de la teoría del valor/trabajo de Karl Marx lo que le permitió al CHE darse cuenta de que el aumento de la circulación mercantil, del intercambio de mercancías, de la circulación del dinero en el seno de la formación social soviética, y paralelamente, la reducción del peso y el poder de la  planificación socialista indicaban claramente que la URSS se había estancado en su transición al Modo de Producción Comunista y había comenzado el retroceso contrarrevolucionario hacia el Capitalismo. 

25 años más tarde, el proceso se completó y la Unión Soviética colapsó, a la par que el resto de Estados Socialistas del Este de Europa.  

Un proceso similar sucedió en China de forma menos traumática y más planificada, y está sucediendo ahora mismo en el resto de países de orientación socialista del planeta, Cuba incluida, claro está. 

¿Qué hacer?

16.- Precisamente lo que estamos haciendo ahorita mismo. Reunirnos en una Conferencia Internacional para debatir y profundizar en estos temas y trazar las líneas estratégicas de la reconstrucción de la praxis comunista revolucionaria y de la Internacional Proletaria. Tarea titánica y heroica para las próximas décadas. Cumpliremos con nuestro deber militante.

Las luchas de clases se radicalizan y se acentúan durante el proceso de transición socialista al Modo de Producción Comunista, y serán necesarias una o varias Revoluciones Comunistas durante el Socialismo para que éste no se estanque y retroceda hacia el Capitalismo.

17.- Durante estas luchas a vida o muerte, el Proletariado necesita ser guiado por una organización de vanguardia, el Partido Comunista Revolucionario, que sepa mantener su autonomía crítica y de contrapoder obrerao y popular con respecto a los aparatos del Estado Socialista, e identifique rápidamente la creación de capas de burguesía en su seno. Esto exige que la Dictadura Revolucionaria del Proletariado sea ejercida efectivamente por las masas obreras, y que el Partido se esfuerce en convencerlas y alcanzar la hegemonía y la dirección estratégica en el seno de los soviets, batzarres, asambleas, consejos y juntas proletarias.

18.- Praxis revolucionaria en el siglo XXI : ¡Comunismo o extinción! 

No hay otra salida. El hundimiento del Capitalismo es inevitable. 

19.- Medidas prácticas que proponemos para esta Conferencia Internacional:

1.- Redactar un sencillo Manifiesto fundacional que resuma las conclusiones generales a las que llegaremos en esta Conferencia Internacional. Darle la mayor difusión posible a nivel mundial.

2.- Realizar anualmente una Conferencia Internacional de  este tipo, que vaya marcando la evolución teórica y práctica común de las organizaciones que participamos y reúna a otras más de todo el mundo.

3.- Fundar la Coordinadora Revolucionaria Internacionalista, como nueva etapa de desarrollo del Manifiesto Internacionalista de Compostela y destacamento revolucionario en el camino de la fundación de la Nueva Internacional Proletaria, la V Internacional.

4.- Creación de su Comité Ejecutivo en el que estén representadas todas las organizaciones participantes, y  que sea a la vez el grupo de reflexión teórica y estratégica que prepare las Conferencias Internacionales anuales. Se reuniría tres veces al año.

5.- Recuperación del 19 de julio como día de memoria de la insurrección revolucionaria antifascista de los Pueblos del Estado Español, y celebración de un acto anual en esa fecha en las diferentes naciones.

6.- Creación masiva de grupos de estudio de DAS KAPITAL, la obra cumbre de la teoría revolucionaria comunista científica, que preparen una nueva generación de militantes revolucionarios.

7.- Establecer relaciones con los otros destacamentos revolucionarios internacionales de coordinación de diferentes organizaciones, en vista a tener debates e intercambio de información, para avanzar en la construcción de la V Internacional.

8.- Crear una revista teórica digital semestral que prepare las Conferencias y dinamice la formación en nuestras organizaciones.

9.- Facilitar la convergencia estratégica de nuestras organizaciones.

10.- Nombrar al dinamizador de la Coordinadora en el plenario.

Para Rosa Luxemburg y Karl Liebknetch en el centenario de su asesinato por la socialdemocracia. 

 

MIKEL ERRO (MILITANTE DE HERRITAR BATASUNA) 

EUSKAL HERRIA, 11 DE JULIO 2019.   

OMNIA SUNT COMMUNIA!

 

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